domingo, 9 de septiembre de 2018

(APÉNDICE 4) 8 septiembre






(APÉNDICE 4 - ÚLTIMA PARTE)




¿QUÉ ES EL CORAZÓN?


* Tu identidad. El corazón es la parte más importante de ti. Es el centro de tu ser, en donde reside tu "verdadera identidad", "El corazón del hombre refleja al hombre" (Proverbios 27:19). Como una persona "piensa dentro de sí, así es" (Proverbios 23:7).

* Tu centro. Como tu corazón físico se encuentra en el centro de tu cuerpo y envía sangre vigorizante a toda célula viva, la palabra "corazón" se ha usado durante siglos para describir el núcleo en donde se generan todos tus pensamientos, tus creencias, tus valores, tus motivaciones y tus convicciones.

* Tu cuartel general. Tu corazón es "la casa de gobierno" de tus operaciones. Entonces, la dirección de tu corazón tiene un impacto en cada área de tu vida.


¿QUÉ TIENE DE MALO SEGUIR MI CORAZÓN?


* Es insensato. El mundo dice: "¡Sigue tu corazón!" Es la filosofía de los gurús de la nueva era, de los seminarios de autoayuda y de las canciones románticas del pop. Como parece tan romántico y tan noble, vende millones de discos y de libros. El problema es que seguir tu corazón en general significa hacer cualquier cosa que te parezca bien en el momento, esté bien o no. Significa echar por la borda toda precaución y conciencia y perseguir tus últimos caprichos y deseos sin importar lo que digan la lógica y el consejo. La Biblia dice: "El que confía en su propio corazón es un necio, pero el que anda con sabiduría será librado" (Proverbios 28:26).

* Es inconstante. Las personas olvidan que los sentimientos y las emociones son superficiales, volubles e inconstantes. Pueden fluctuar según las circunstancias. En el intento de seguir su corazón, hay personas que han abandonado sus trabajos para recuperar una pésima banda musical de garaje, han perdido los ahorros de su vida por encapricharse con las carreras de caballos, o han dejado a su compañero de toda la vida para perseguir a un colega de trabajo atractivo que ya se había casado dos veces. Lo que parece correcto en el auge de los dulces sentimientos a menudo resulta ser un error amargo unos años más tarde. Esta filosofía egoísta también es la fuente de un sinnúmero de divorcios. Lleva a muchos a dejar de lado sus compromisos para toda la vida porque ya no se "sienten enamorados".

* Es corrupto. La verdad es que nuestros corazones son, en esencia, egoístas y pecadores. La Biblia dice: "Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?" (Jeremías 17:9). Jesús dijo: "Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias" (Mateo 15:19). A menos que Dios cambie de verdad nuestros corazones, seguirán eligiendo las cosas equivocadas.



¿ALGUNA VEZ DEBERÍA SEGUIR LO QUE DICTA MI CORAZÓN?

El rey Salomón dijo"El corazón del sabio lo guía hacia la derecha, y el corazón del necio, hacia la izquierda" (Eclesiastés 10:2). Así como tu corazón puede guiarte hacia el odio, la lujuria y la violencia, también puede ser impulsado por el amor, la verdad y la bondad. A medida que camines con Dios, Él colocará en tu corazón los sueños que quiere cumplir en tu vida. Además, pondrá destreza y capacidades que quiere desarrollar para su gloria (Éxodo 35:30-35). Te concederá el deseo de dar (2 Corintios 9:7) y de adorar (Efesios 5:19). A medida que le des el primer lugar a Dios, Él intervendrá y concederá los buenos deseos de tu corazón. La Biblia dice: "Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón." (Salmo 37:4). El único momento en el que puedes sentirte bien al seguir tu corazón es cuando sabes que está decidido a servir y agradar a Dios.



¿POR QUÉ NO ES SUFICIENTE SEGUIR MI CORAZÓN?

Como nuestro corazón está tan sujeto al cambio y no se puede confiar en él, las Escrituras comunican un mensaje mucho más fuerte que "sigue tu corazón". La Biblia te instruye a guiar tu corazón. Esto significa hacerse totalmente responsable de su condición y su dirección. Debes darte cuenta de que sí tienes el control del lugar en el que está tu corazón. Dios te ha dado el poder de quitarlo de un lugar y ponerlo en otro.

Los siguientes versículos comunican un mensaje sobre cómo guiar tu corazón:

*   Proverbios 23:17 "No envidie tu corazón a los pecadores".

*   Proverbios 23:19 "Dirige tu corazón por el buen camino".

*  Proverbios 23:26 "Dame, hijo mío, tu corazón, y que tus ojos se deleiten en mis caminos".

1 Reyes 8:61 "Estén, pues, vuestros corazones enteramente dedicados al Señor nuestro Dios".

*   Juan 14:27 "No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo". 

*   Santiago 4:8 "Purificad vuestros corazones".


*   Santiago 5:8 "Fortaleced vuestros corazones".



¿CÓMO GUÍO MI CORAZÓN?


* En primer lugar, es necesario que comprendas que tu corazón está donde se encuentra tu tesoro. Tu corazón se volcará a lo que le dediques tiempo, dinero y energía. Esto era cierto antes de casarte. Escribías cartas, comprabas regalos y pasaban tiempo juntos como pareja, y tu corazón iba detrás. Cuando dejaste de invertir tanto en la relación y comenzaste a dedicarte a otras cosas, tu corazón te siguió. Si hoy no estás enamorado de tu cónyuge, quizá se deba a que ayer tu interés dejó de estar allí.








¡Cuidado, peligro! 9 septiembre





“Volved a aquel contra quien se rebelaron profundamente los hijos de Israel.” Isaías 31:6


(Leer Jer. 41 – 1ª Cor. 15:1-28 – Salmo 104:19-26 – Prov. 22:29)



Lot, habitante de Sodoma, era un hombre influyente en esa ciudad depravada. Como sabía que Dios no aprobaba los actos perversos y contrarios a la naturaleza cometidos en ese lugar, “afligía cada día su alma justa” (2ª Pedro 2:8) debido a lo que veía y oía. Sin embargo, permanecía allí. Dos ángeles tuvieron que escoltarlo y sacarlo de la ciudad, para que el juicio no lo alcanzara (véase Génesis 19).

– David, perseguido por el rey Saúl, huyó y se refugió junto al rey Aquis, un enemigo del pueblo de Dios. Pero cuando los siervos de Aquis lo reconocieron, David temió por su vida. Fingió estar loco (1 Samuel 21:13), y luego, para vergüenza suya, tuvo que escaparse de allí.

Jonás, en vez de obedecer la orden de Dios e ir a Nínive, huyó en un navío que iba en dirección contraria, a Tarsis. Dios, el Todopoderoso, envió una tempestad que atemorizó a todos los marineros. Como Jonás había reconocido ser la causa de aquella tempestad, lo lanzaron al mar. Allí un gran pez se lo tragó, y al cabo de tres días y tres noches, por orden de su Creador, el pez vomitó a Jonás en la tierra.

– Pedro, discípulo de Jesús, se estaba calentando al fuego junto a los enemigos de su Maestro. Cuando le preguntaron sobre su relación con Jesús, tres veces dijo que no lo conocía (Marcos 14:66-72).

Un creyente no puede ser feliz ni agradar a Dios cuando su conducta es opuesta a la voluntad de Dios. ¡Pero siempre se puede dar media vuelta! “Convertíos (den media vuelta) a mí con todo vuestro corazón... Convertíos al Señor vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente” (Joel 2:12-13).



EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL "LA BUENA SEMILLA")









Manantiales 9 septiembre





"… No tenía mucha tierra…" Mateo 13:5


¡Poco profunda! Parece ser que de la enseñanza de esta parábola, podemos deducir que tenemos que hacer algo con el terreno. La simiente fructífera cayó en "corazones buenos y honestos." Supongo que las personas poco profundas en el conocimiento de Dios, representan el terreno que no tenía mucha tierra. Es decir, aquellas personas que no tienen un verdadero propósito, que son movidas por un llamamiento sensible, un buen sermón, una melodía sentimental, etc., y al principio parece ser que han recibido un gran beneficio y prometen; pero no tienen mucha tierra -ninguna hondura, ninguna profundidad, intenciones honestas, ningún deseo ardiente de conocer el deber con el fin de cumplirlo-. Cuidemos del terreno de nuestros corazones.

Cuando a un cierto soldado romano le dijo su guía, que si insistía en hacer un cierto viaje, probablemente sería fatal, él respondió, "Para mí es necesario el ir; pero para mí no es necesario el vivir."

Esto era profundidad. Cuando tenemos una convicción semejante a esa, entonces es cuando podremos hacer algo. La naturaleza poco profunda, vive de sus impulsos, impresiones, intuiciones, instintos, y sobre todo de la atmósfera que le rodea. El carácter profundo mira más allá de donde se encuentran estas cosas, se mueve firmemente, navegando, atraviesa las tormentas y nubes y pasa a la luz brillante del sol que siempre se encuentra al otro lado y espera al después, el cual siempre trae lo contrario de aflicción, de derrota aparente y fracaso.

Cuando Dios nos ha profundizado, entonces puede darnos Sus verdades profundas, Sus secretos más profundos y Su mayor confianza. ¡Señor, condúceme a las profundidades de Tu vida, y líbrame de la experiencia superficial!



L. B. COWMAN - (DEV. "MANANTIALES EN EL DESIERTO")









¿Confías en Dios en medio de tu prueba? 9 septiembre





Busqué al Señor, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados. Este pobre clamó, y le oyó el Señor, y lo libró de todas sus angustias. El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen, y los defiende. Gustad, y ved que es bueno el Señor; dichoso el hombre que confía en él. Temed al Señor, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen. Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; pero los que buscan al Señor no tendrán falta de ningún bien." Salmo 34:4-10


El mensaje fundamental que encontramos a través de toda la Biblia es que Dios salva de la condenación eterna. No es que Dios evita el sufrimiento, los problemas, el hambre y la prisión. En realidad las pruebas que nos encontramos en esta vida son el producto de un mundo corrupto y pecaminoso. Todo aquel que nace va a pasar inevitablemente por pruebas y sufrimientos. Así les dijo Jesús a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo." (Juan 16:33). En otras palabras: "Con seguridad ustedes tendrán problemas y sufrimientos en este mundo. Pero sólo tienen que confiar en mí, pues ya he demostrado que tengo más poder que el mundo que causará esas aflicciones."

Dios obra en medio de esas pruebas, y milagrosamente protege y fortalece a sus hijos y hace que salgan victoriosos. En el pasaje de hoy leemos: “Este pobre clamó, y le oyó el Señor, y lo libró de todas sus angustias.” Dios no impidió que este hombre cayera en pruebas. Sin embargo oyó su clamor en su hora de mayor necesidad “y lo libró de todas sus angustias.” Por eso el salmista pudo declarar: “Gustad, y ved que es bueno el Señor; dichoso el hombre que confía en él.”

Habrá ocasiones en las que Dios no permite que nos sucedan cosas terribles, pero muchas veces el problema en el cual nos encontramos es el medio que el Señor utiliza para manifestarse en nuestras vidas de manera que lleguemos a conocerlo íntimamente. Dios pudo haberle evitado a Daniel el foso de los leones (Daniel 6). Pudo haberles evitado la cárcel a Pablo y a Silas (Hechos 16). Pudo haberles evitado el horno de fuego a los tres jóvenes hebreos (Daniel 3). Pero ninguno de ellos ni aquellos que les rodeaban hubieran conocido el poder y el amor de Dios obrando en sus vidas. El Señor nunca ha prometido mantenernos lejos de los lugares difíciles. Lo que él ha prometido es estar a nuestro lado al atravesar esos lugares difíciles y allí, en medio de las dificultades, darnos la victoria.

¿Estás en estos momentos en una situación difícil? Pon tu confianza en Dios y él te ayudará. Él puede usar tu sufrimiento para darte un carácter probado y un mayor crecimiento espiritual. Si tú pones en él tu confianza, Dios te sacará de la prueba en total victoria. Confía en él porque él siempre ha sido, es y será absolutamente fiel. Esta es la clave de una vida victoriosa, no la ausencia de problemas sino la fe en quien puede resolver todos los problemas.

Una corta historia cuenta que un pequeño niño iba en un avión comercial, el cual piloteaba su padre. El vuelo se iba desarrollando normalmente, todo estaba muy tranquilo y en calma, cuando de pronto a cierta distancia al frente del avión se divisó un área de tormentas eléctricas a través de las cuales tendrían que pasar. Inmediatamente se encendieron los letreritos indicando a los pasajeros que se pusieran los cinturones de seguridad. Al mismo tiempo una aeromoza recorrió el pasillo para asegurarse de que todos estaban siguiendo las instrucciones. Al llegar al asiento del niño, ella notó que éste estaba dormido y con mucho cariño lo despertó, y le dijo: “Mi amor, abróchate el cinturón porque vamos a pasar por una zona de mucho peligro.” El niño la miró y le preguntó: “¿Es mi papá el que va manejando el avión?” "Sí", le dijo ella. "Entonces no hay problema", replicó el niño, y de nuevo cerró sus ojos.

¿Crees que si se presenta una prueba en tu vida reaccionarías con la misma confianza en tu Padre celestial que este niño tuvo en su papá? Si no es así, ora pidiendo al Señor que aumente y fortalezca tu fe de manera que seas capaz de obtener la victoria en cualquier situación que se presente por difícil que esta sea.


ORACIÓN. Padre Santo, te ruego aumentes mi fe para que yo no dude un instante que tú estás a mi lado en medio de la prueba, y que si tú eres por mí nadie puede estar contra mí. En el nombre de Jesús, Amén.



ENRIQUE SANZ - (DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")









"Danos tu paz" 9 septiembre





“Porque un niño nos ha nacido, ¡un hijo nos ha sido concedido! Sobre sus hombros llevará el principado, y su nombre será «Consejero admirable», «Dios fuerte», «Padre Eterno» y «Príncipe de paz».” Isaías 9:6


La lista de nombres es impresionante. En ella se encuentra George Marshall, General de los Estados Unidos, y Albert Schweitzer, el doctor-organista de África. Los cuáqueros figuran como una organización y John Raleigh Mott como ejecutivo de la YMCA. Teddy Roosevelt estaría complacido de ver que su nombre no quedó afuera, al igual que el de Jean Dunant, fundador de la Cruz Roja.

Y ahora el Presidente Obama tiene su nombre inscrito junto con el de todos los otros que han ganado el Premio Nóbel de la Paz.

Esta noticia causó reacciones encontradas. Hay quienes dicen que 'no lo merece', y otros que dicen que 'todavía no lo merece'.

La noticia me hizo pensar en el pasaje de Isaías que nos sirve como texto para esta devoción.

Siglos antes del nacimiento de Cristo en Belén, Isaías profetizó que Jesús sería el Consejero Admirable, el Dios fuerte, el Padre eterno, el PRÍNCIPE DE PAZ.

Esa es la parte que quiero enfatizar: Jesús es el Príncipe de Paz. El único Príncipe de Paz. En realidad, el Salvador es único.

A pesar de que todas esas otras personas y organizaciones se pasan la vida tratando de traer la paz al mundo, los resultados de sus esfuerzos no han probado ser exitosos a largo plazo.

Por otro lado, la paz que reciben los pecadores a través de su fe en la vida, sufrimiento, sacrificio, muerte y resurrección de Jesús, es única. El perdón que Cristo trae a las mentes confundidas, y la alegría que trae a los corazones heridos es permanente, completa y total.

Y ninguna otra persona en la lista de ganadores de premios de paz, ni aún el mayor de ellos, podría reclamar ese premio. Sólo Jesús permanecerá como el único, el Divino Príncipe de Paz.


ORACIÓN. Señor Jesús, Isaías profetizó que tu sacrificio traería paz a la mente, al corazón y al alma de todos los que creen. Cuando resucitaste de la muerte, derramaste paz sobre tus temerosos discípulos. Te doy gracias por regalarnos tu gracia, y te pido que nos envíes tu Espíritu Santo como una fuerza poderosa que toque nuestra alma. Danos fe, perdón, y paz permanente. En tu nombre. Amén.



CRISTO PARA TODAS LAS N. - (DEV. “ALIMENTO DIARIO”)









La sencillez de la infancia 9 septiembre





“Entonces Jesús les dijo: Dejen a los niños y no les impidan venir a mí, porque de los tales es el reino de los cielos.” Mateo 19:14 (Leer Salmo 8:1-2)


Siempre es muy bonito y alegre, oír a niños y niñas entonar canciones de alabanza a nuestro Señor; quizás sea porque cuando los pequeños levantan sus dulces voces infantiles en adoración a nuestro Dios, lo hacen honestamente y sin importarles mucho lo afinadas que estén sus voces. Lo hacen por amor a su buen amigo Jesús.

El Salmo 8 comienza ofreciéndonos un contraste asombroso. David dice que Dios ha revelado su gloria por medio de la majestad de los cielos que Él hizo, pero por si acaso alguien duda sobre quién es Dios, sus verdades surgirán de las inocentes expresiones de los niños(as): « De la boca de los pequeños y de los que todavía maman has establecido la alabanza frente a tus adversarios para hacer callar al enemigo y al vengativo» (v. 2).

Los líderes religiosos se escandalizaron porque los niños corrían por el templo exclamando: “¡Hosanna al Hijo de David!” (Mateo 21:15-16). Como respuesta Jesús citó ese mismo Salmo 8:2; Dios mismo les había revelado en sus corazones infantiles que era verdad lo que estaban diciendo; ellos estaban en lo correcto, mientras que los líderes religiosos se equivocaban. Jesús era el Hijo de Dios tan esperado durante tantos años.

Atesoremos en nuestros corazones esos momentos en los que vemos a un pequeño hacer sus sencillas oraciones antes de dormir, o por sus alimentos, ellos expresan con toda sencillez y honestidad lo que está en sus corazones. Esto nos debería hacer pensar en cuán sinceras son nuestras oraciones, cómo ha crecido nuestra fe, o si nuestra fe en Jesús es tan firme y sin duda como la de un niño.

Como padre, algunos de los momentos que más recuerdo son cuando me arrodillaba por las noches al lado de la cama de mis hijos, y ellos le expresaban a Dios lo que tenían en el corazón. La sencillez de su amor y confianza mientras oraban, me conmovían profundamente, disipaba mis dudas y temores, y hacía que me aferrara más a la fe.


1. Nunca debemos menospreciar la alabanza sincera de los niños que han puesto su fe en el Señor (Mateo 18:6,10), su testimonio es tan grandioso como las estrellas que vemos en el firmamento.


2. Los niños y niñas son preciosas joyas de nuestro Señor, ayúdalos a brillar para Cristo.



HG/MD -  (DEVOCIONAL DIARIO “MI DEVOCIONAL”)









El olor de Cristo 9 septiembre





“Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan…” 2ª Corintios 2:15 (Leer 2ª Corintios 2:14-17)


Con calor y lleno de tierra, Bob bajó del autobús que lo había llevado a otra ciudad, lejos de su casa. Estaba cansado, pero también agradecido de que almorzaría con unos amigos de amigos suyos, que vivían allí. Estos lo recibieron con agrado, y, de inmediato, tuvo una sensación de paz. Se sentía como en casa, cómodo, seguro y apreciado.

Al tiempo, preguntándose por qué se había sentido así en un ambiente desconocido, halló la respuesta en 2ª Corintios 2, donde el apóstol Pablo explica que las personas que siguen al Señor tienen el «grato olor de Cristo». Exactamente, pensó Bob. Sus anfitriones «tenían el olor» de Cristo.

Cuando Pablo dice: «nos lleva en triunfo en el desfile victorioso de Cristo» (2ª Corintios 2:14 NTV), manifestando el olor de la verdad de Dios, alude a una práctica del mundo antiguo. Los ejércitos victoriosos quemaban incienso mientras marchaban por las calles. El aroma producía gozo. Asimismo, los hijos de Dios transmiten una fragancia agradable, algo que Dios nos da cuando difundimos el conocimiento de Él.

Bob es mi padre, y ese viaje tuvo lugar hace más de 40 años, pero él nunca lo ha olvidado. Aún hoy cuenta la historia de aquellas personas que tenían el olor de Cristo.

Padre, gracias por guiar a tus hijos en la victoria de Cristo y por esparcir la fragancia de tu verdad a través de nosotros.

¿Quién te parece que huele como Cristo?


(La Biblia en un año: Proverbios 6–7 2ª Corintios 2)



ALP - (DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO")









Sin jactancia 9 septiembre

        



¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la Ley. ¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles, porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión.” Romanos 3:27-30 (Leer Rom. 3:27-31)


Pablo presenta y contesta tres simples preguntas para enseñarnos los resultados naturales de esta tremenda aceptación que Dios nos da en Jesucristo. Primero: “¿Quién puede jactarse?”. Nadie, absolutamente nadie. ¿Cómo puedes jactarte cuando todo el mundo recibe el don de la gracia sin ningún mérito de su parte? Eso significa que cualquier terreno para la santurronería es eliminado, y es por eso que el pecado más feo entre los creyentes es la santurronería. Cuando comenzamos a mirar mal a la gente que está involucrada en la homosexualidad, o la avaricia, o las apuestas, o lo que sea ―cuando comenzamos a pensar que somos mejores que ellos― entonces hemos denegado lo que Dios ha hecho por nosotros. Toda jactancia es excluida. No hay razón alguna por la que ninguna persona debiera de decir: “Bueno, al menos yo no hice eso”. El único terreno de aceptación es el don de la gracia.

Sigue la segunda pregunta: “¿Hay alguien excluido de la gracia, judío o gentil?”. ¡No!, Dios no tiene una nación que favorezca más que otras; todas son iguales frente a Él. Pablo argumenta: “¿Es Dios solamente de los judíos? Entonces debe de haber dos dioses: uno para los judíos y uno para los gentiles. Pero eso no puede ser; sólo hay un Dios; Dios es uno”. Por lo tanto, es igualmente el Dios de los gentiles y el Dios de los judíos, porque ambos han de venir exactamente al mismo terreno. Esta es la cosa maravillosa sobre el evangelio. Toda la humanidad es nivelada; nadie puede clamar ninguna otra base más que la obra de Jesucristo.

La tercera pregunta de Pablo es: “¿Cancela esto la Ley, o es dejada de lado? ¿Es que ya no necesitamos más la Ley?”. Su contestación es: “No, cumple la Ley”. La justicia que la Ley demanda es la misma justicia que nos es dada en Cristo. Así que, si lo tenemos como un don, ya no necesitamos temer la Ley, porque las demandas de la Ley son cumplidas. Pero no es algo por lo que podamos tomar ningún crédito; ciertamente, cuando actuamos con injusticia después de esto, la Ley viene de nuevo a hacer su obra de enseñarnos qué es lo que está mal. Eso es lo único para lo que sirve la Ley. Nos enseña lo que está mal, e inmediatamente, todo el daño y el perjuicio que se llevó a cabo por medio de nuestro pecado es aliviado de nuevo por la gracia de Dios, el perdón de Dios.

El recibir el perdón de Dios no es algo que sólo hagamos una vez; es algo que hacemos repetidamente. Es la base en la cual vivimos, constantemente tomando de nuevo el perdón de la mano de Dios. La carta de Juan lo explica de la siguiente forma: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1ª Juan 1:9). Ese es el don de Dios, y necesitamos continuamente tomarlo nuevamente de la mano de Dios. Cuando nos encontramos cayendo en la santurronería, cuando nos encontramos mirando mal a alguien, cuando nos encontramos llenos de orgullo y actuando en ignorancia, siendo críticos e insensibles y cáusticos y sarcásticos los unos con los otros, o sintiéndonos amargados y resentidos ―y todas estas cosas nos son todavía posibles― nuestra relación con un Dios santo no está afectada, si reconocemos que hemos pecado. Podemos volver, y el amor de Dios todavía está ahí. Todavía nos acepta y nos valora grandemente.

Esto es lo que significa el don de justicia para nosotros. Son buenas nuevas maravillosas, de hecho, que nunca tenemos que temer. El Dios de la santidad suprema, el Dios que vive en la santa luz, a quien no podemos comenzar a acercarnos, nos ha aceptado en el Amado, al estar en pie en el mismo terreno de valía que Él mismo tiene.


ORACIÓN. Padre celestial, estas palabras son tan extraordinarias, apenas me las puedo creer. Te pido que viva en base a esto y así encontrar el terreno de perdonar a otros y ser tierno y cariñoso hacia ellos, sabiendo que ya he recibido ese don yo mismo en Jesucristo nuestro Señor.


APLICACIÓN PARA LA VIDA. ¿Vemos nuestra santurronería como una indignante negación de la asignación inmerecida de Dios de Su justicia a nosotros? ¿Cómo, pues, deberíamos de pensar y actuar hacia otros? ¿Cuál es el propósito básico prevaleciente de la Ley?



RAY STEADMAN - (DEV. "EL PODER DE SU PRESENCIA")









Señor, ¿por qué? 9 septiembre





No es pecado que un creyente pregunte por qué; incluso nuestro Señor hizo esta pregunta mientras colgaba de la cruz, adolorido (ver Mateo 27:46). A veces podemos clamar: “Señor, ¿por qué me hacer pasar por esto? Yo sé que no viene de tu mano, pero, aun así, tú estás permitiendo que el diablo me acose. ¿Cuándo va a terminar esto?”

El hombre secular exige una explicación para todo el dolor y sufrimiento en la vida. Dice: “Simplemente no puedo creer en tu Dios; yo debo tener más amor que él, porque si tuviera el poder, yo detendría todo este sufrimiento”. No voy a intentar responder porqué hay hambre, inundaciones, enfermedades y destrucción, pero sí sé que mientras el mundo cuestiona, yo puedo responder: “Él está llorando por lo que la humanidad ha hecho”.

En mi opinión, nadie más que Jesús ha sufrido tanto como Pablo, de tantas maneras, a manos de tanta gente. En el mismo instante de su conversión, Pablo fue advertido de los sufrimientos que enfrentaría: “El Señor le dijo ... yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre” (Hechos 9:15-16). Jesús mismo estaba declarando aquí: “Voy a mostrarle a Pablo cuánto sufrirá por causa de mi nombre”. Del mismo modo, si tú has puesto tu corazón completamente en Cristo, has decidido conocerlo íntimamente, experimentarás tiempos difíciles y aflicciones de las que los cristianos fríos y carnales no saben nada.

David escribe: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová” (Salmos 34:19).

Aunque Dios no se molestó en explicarle nada a Pablo ni en poner fin a sus sufrimientos, él le reveló cómo superaría cada prueba con victoria: “Y me ha dicho [Jesús]: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2ª Corintios 12:9). No necesitas comprenderlo todo: La gracia de Dios es todo lo que necesitarás.



DAVID WILKERSON - (DEVOCIONAL DIARIO “ORACIONES”)









Cambio en nuestra esencia 9 septiembre





“Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” Efesios 5:8


Efesios 2:1-3 describe nuestra naturaleza antes de que viniéramos a Cristo: estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Antes de ser cristianos, nuestra naturaleza era de pecado y el resultado del pecado era la muerte (separación de Dios). Como tales nos servimos a nosotros mismos y a Satanás como una obviedad.

Pero en la salvación Dios cambió nuestra esencia, siendo ahora “participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2ª Pedro 1:4). Ya no estás en la carne, estás en Cristo. Tenías una naturaleza pecaminosa antes de convertirte, pero ahora eres partícipe de la naturaleza divina de Cristo. No eres divino ni eterno, pero estás unido eternamente con la divinidad de Cristo. Pablo lo dijo así: “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Efesios 5:8)

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2ª Cor 5:17). Ante las acusaciones de Satanás de que no hemos cambiado, debemos creer y vivir en armonía con el hecho de que somos diferentes eternamente en Cristo.

El Nuevo Testamento se refiere a la persona que eras antes de que recibieras a Cristo como tu antiguo yo, (el viejo hombre). En la salvación, tu antiguo yo que estaba motivado a vivir de forma independiente de Dios y lo caracterizaba el pecado, murió (Rom 6:6) y tu nuevo yo motivado por tu nueva identidad en Cristo y caracterizada por la dependencia en Dios, volvió a la vida (Gálatas 2:20).

Tu antiguo yo tuvo que morir con el fin de romper su relación con el pecado que lo dominaba. Ser una nueva persona no significa que ya no pecas (1ª Juan 1:8). Pero como tu antiguo yo ha sido crucificado y enterrado con Cristo, ya no necesitas pecar (1ª Juan 2:1). Tú pecas cuando escoges actuar de forma independiente a Dios.


ORACIÓN. Señor, gracias por la esperanza que viene al conocer que mi antiguo yo está muerto y que ahora soy una nueva criatura en Cristo.



NEIL ANDERSON - (DEV. "VIDA NUEVA PARA EL MUNDO")









TRADUCCIÓN