“Volved a aquel contra quien se rebelaron
profundamente los hijos de Israel.” Isaías 31:6
(Leer Jer. 41 – 1ª Cor. 15:1-28 – Salmo 104:19-26 –
Prov. 22:29)
– Lot,
habitante de Sodoma, era un hombre influyente en esa ciudad depravada. Como
sabía que Dios no aprobaba los actos perversos y contrarios a la naturaleza
cometidos en ese lugar, “afligía cada día su alma justa” (2ª Pedro 2:8) debido
a lo que veía y oía. Sin embargo, permanecía allí. Dos ángeles tuvieron que
escoltarlo y sacarlo de la ciudad, para que el juicio no lo alcanzara (véase
Génesis 19).
– David, perseguido por el rey Saúl, huyó y se
refugió junto al rey Aquis, un enemigo del pueblo de Dios. Pero cuando los
siervos de Aquis lo reconocieron, David temió por su vida. Fingió estar loco (1
Samuel 21:13), y luego, para vergüenza suya, tuvo que escaparse de allí.
– Jonás,
en vez de obedecer la orden de Dios e ir a Nínive, huyó en un navío que iba
en dirección contraria, a Tarsis. Dios, el Todopoderoso, envió una tempestad
que atemorizó a todos los marineros. Como Jonás había reconocido ser la causa
de aquella tempestad, lo lanzaron al mar. Allí un gran pez se lo tragó, y al
cabo de tres días y tres noches, por orden de su Creador, el pez vomitó a Jonás
en la tierra.
– Pedro, discípulo de Jesús, se estaba
calentando al fuego junto a los enemigos de su Maestro. Cuando le preguntaron
sobre su relación con Jesús, tres veces dijo que no lo conocía (Marcos 14:66-72).
Un creyente no
puede ser feliz ni agradar a Dios cuando su conducta es opuesta a la voluntad
de Dios. ¡Pero siempre se puede dar media vuelta! “Convertíos (den media
vuelta) a mí con todo vuestro corazón... Convertíos al Señor vuestro Dios; porque
misericordioso es y clemente” (Joel 2:12-13).
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SEMILLA")


