“Haya en ustedes esta manera de pensar
que hubo también en Cristo Jesús” Filipenses 2:5 (Leer Lucas 6:27-38)
La persona que
pueda amar a sus enemigos debe ser considerada como revolucionaria. La historia
de un joven universitario ilustra perfectamente este principio, ya que en
contra de su voluntad se convirtió en un revolucionario de este tipo.
Este joven le
pidió al Señor que le diera un ministerio para sentirse útil en la obra de Dios
durante los meses de verano que no tenía clases. Se puso en contacto con varias
organizaciones, pero en ninguna había espacio disponible en esos días. Así que
finalmente decidió aceptar la oferta de un amigo quien tenía una empresa de
autobuses de transporte público.
Sus días eran
algo más que interesantes, pues en el autobús se subían personas de todo tipo y
condición, desde amas de casa, niños, ejecutivos apresurados, pero en especial
estaba muy preocupado por unos jóvenes que pertenecían a una pandilla local,
ellos no le pagaban el pasaje y lo amenazaban constantemente. Un día de tantos
lo sacaron del autobús, le robaron sus pertenencias y lo golpearon hasta
dejarlo inconsciente. Mientras se
encontraba en emergencias sentía una amargura y odio hacia estos muchachos y
hacia Dios; por lo cual pronunció las siguientes palabras: “Señor, yo te oré
por un ministerio para servirte y lo único que me has dado es este horrendo
trabajo y una golpiza”.
El joven fue a
los tribunales de justicia y puso una denuncia en contra de aquellos jóvenes,
producto de lo cual fueron arrestados y llevados a juicio; todo hacía pensar
que muy pronto serían declarados culpables. No obstante; algo pasó durante las largas horas del juicio, Dios empezó
a tocar su corazón y empezó a sustituir la ira por compasión y amor. Antes de
que el juez dictara su sentencia, el joven pidió la palabra, y lo que dijo dejó
pasmados a quienes escuchaban, pidió al juez poder cumplir la sentencia en
lugar de estos jóvenes. El juez, igual de asombrado que todos los demás,
rápidamente le respondió: “Eso no es precedente”; el joven replicó: “¡Sí existe
un caso en el que pasó esto!”. El joven le explicó a la audiencia, juez,
abogados y acusados, que Jesús había hecho esto por cada uno de ellos y por
supuesto por él.
La petición del
joven fue denegada, pero empezó a visitar a estos jóvenes en prisión y vio cómo
la mayoría de ellos aceptaban el regalo de Dios, su salvación.
1. Cuando haces algo por quienes no lo
merecen, estás siendo revolucionario.
2. Amar a un amigo es natural, amar a un
enemigo es algo que muestra que eres un seguidor de Cristo.
HG/MD – (DEVOCIONAL DIARIO “MI DEVOCIONAL”)


