“Para que aprueben lo mejor, a fin de que sean
sinceros e irreprensibles en el día de Cristo.” Filipenses 1:10 (Leer Mateo
23:1-15)
La siguiente es
una historia irónica sobre un buen samaritano que terminó siendo malo. Esto
aconteció cuando un hombre observó a una mujer que quería saltar desde un
puente a un río seco; de inmediato el hombre comenzó a forcejear con la mujer
para evitar que cometiera una locura, ella se desmayó y con ello él logró
salvarle la vida. Desgraciadamente la historia
no termina ahí, ese mismo hombre que salvó la vida de aquella deprimida mujer,
aprovechó que ella se encontraba inconsciente para robarle su cartera; sin
embargo, no contó con que un policía que había sido alertado para atender la
situación, lo capturara infraganti.
Esta terrible
conducta es semejante a la forma como se comportaban los fariseos. Al inicio
ellos también parecían estar dispuestos a ir al rescate de las personas (Mateo
23:15), se identificaban a sí mismos como hombres de oración, “campeones” de la
fe y guías de los menos capacitados. Pero al final, las intenciones de su
corazón revelaron que en realidad eran ladrones e hipócritas, y llevaban al
error a quienes habían confiado en ellos.
Podemos creer
que nosotros somos mucho mejores que esos fariseos; sin embargo, corremos el
riesgo de caer en sus mismos errores al acercarnos a las personas con un deseo
honesto de ayudarlos, pero con el único afán de que los demás reconozcan nuestras
buenas acciones y digan cuán buenos somos.
1. Señor, ayúdame a no ser como los
fariseos de los tiempos de Jesús. Crea en mí un corazón auténtico y amoroso
como el de Jesús, para no caer ante el egoísmo; que mis buenas acciones para
con otros reflejen tu amor en mi ser.
2. Una buena motivación se puede convertir
en una mala causa del egoísmo.
HG/MD -
(DEVOCIONAL DIARIO “MI DEVOCIONAL”)


