“Nadie tiene mayor amor que este: que uno ponga su
vida por sus amigos.” Juan 15:13 (Leer: Judas 17-23)
El notable
abogado William Jennings Bryan (1860-1925), acudió donde un artista para que le
hiciera un retrato. El artista, con un poco de pena le dijo: ¿puedo hacerle una
consulta señor Bryan? Por supuesto, contestó; ¿Por qué lleva el cabello sobre
sus orejas? El abogado le contestó: “Para serle honesto hay una historia de
amor detrás de eso. Cuando comencé a salir con la que ahora es mi esposa, ella
me hizo una observación, me dijo que le resultaba curioso lo sobresalientes que
eran mis orejas. Así que entre vergüenza y conquista, decidí que dejaría crecer
mi cabello a los lados para que con un adecuado corte cubriera mis llamativas
orejas.
El artista
insistió: “Pero eso debió haber sido hace ya bastantes años, ¿por qué no se lo
corta ahora?” El señor Bryan le contestó acompañado por un guiño: “¡Porque aún
sigue el romance!”
Cuando inició
tu relación con Jesús, las emociones estaban a flor de piel, incluidos el
agradecimiento y el entendimiento de que si no fuera por nuestro Señor aún
estaríamos muertos y sin vida. “En cuanto a ustedes, estaban muertos en sus
delitos y pecados, en los cuales anduvieron en otro tiempo conforme a la
corriente de este mundo y al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que
ahora actúa en los hijos de desobediencia” (Efesios 2:1-2). Tu corazón estaba
rebosante de amor por nuestro Señor y anhelabas vivir de acuerdo con su voluntad.
Pero, ¿sigue el romance en tu relación personal con Cristo?
Desgraciadamente,
en muchos casos a medida que van pasando los calendarios, el primer amor y
anhelo por estar cerca de Dios va disminuyendo. Es por ello que debemos
tomarnos muy en serio las palabras de la epístola de Judas verso 21:
“consérvense en el amor de Dios, aguardando con esperanza la misericordia de
nuestro Señor Jesucristo para vida eterna”.
Nuestro Señor
utilizó palabras similares: “Como el Padre me amó, también yo los he amado;
permanezcan en mi amor” (Juan 15:9). Mientras más tiempo pasemos con Él y aprendamos sobre su voluntad para
nuestras vidas por medio de su Palabra, más desearemos agradarle y amarlo cada día por la misericordia con que
se acercó a nosotros.
1. Enamórate cada
día más del Señor, habla con él, lee y medita diariamente en las enseñanzas que
encontramos en su Palabra para nuestro tiempo, y únete a otros que también
quieran aprender y compartir lo que Dios ha hecho en sus vidas.
2. Una forma de
renovar tu amor por Dios, es repasar el amor de Cristo por ti.
MD/HG -
(DEVOCIONAL DIARIO “MI DEVOCIONAL”)


