“En la casa de
mi Padre muchas moradas hay; […] voy, pues, a preparar lugar para vosotros.”
Juan 14:2 (Leer: Juan 14:1-14)
Hace poco, una amiga se preparaba para mudarse a una
ciudad a más de 1.600
kilómetros de su residencia actual. Con su esposo,
dividieron la tarea para instalarse lo antes posible. Él se encargó de buscar
la casa donde iban a vivir, mientras que ella empacaba las cosas. Me sorprendió
su disposición a mudarse sin estudiar previamente la zona ni participar en la
búsqueda de la casa, y le pregunté cómo podía hacerlo. Reconoció que no era
fácil, pero sabía que podía confiar en su marido porque, después de vivir
tantos años juntos, él conocía sus preferencias y necesidades.
En el aposento alto, Jesús les habló a sus discípulos
sobre la traición que experimentaría y su muerte, y de las horas oscuras que se
avecinaban tanto para Él como para ellos. Pero los consoló asegurándoles que
les prepararía un lugar en el cielo, así como el esposo de mi amiga preparaba
un nuevo hogar para su familia. Aunque lamentarían su muerte y su ausencia,
Jesús les recordó que podían confiar en que haría lo que les había dicho.
Aun en nuestras horas más oscuras, podemos confiar en que
el Señor nos guiará a un lugar de bendición. A medida que caminemos con Él,
aprenderemos a confiar cada vez más en su fidelidad.
Señor, ayúdame a descansar en ti cuando siento que la
vida es incierta y difícil.
Podemos confiar en que Dios nos guiará a través de las
dificultades.
(La Biblia en
un año: Levítico 15–16 — Mateo 27:1-26)
KEILA OCHOA -
(DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO")


