“En cuanto Jesús salió del agua, vio que los cielos
se abrían y que el Espíritu descendía sobre él como una paloma.” Marcos 1:10 (Leer
Marcos 1:9-11)
El agua tiene
tantos significados, que es difícil hablar sobre ella. Es un símbolo de vida:
nos formamos y desarrollamos en agua dentro del cuerpo de nuestra madre; cuando
llega el momento de nacer, un torrente de agua da el aviso. El agua es
indispensable para la vida y la salud: pocas personas pueden vivir más de tres
días sin beber agua, ¿y quién quiere pasar muchos días sin poder lavarse?
Pero el agua
también es un símbolo de muerte. Hay personas que mueren en inundaciones o
debido a la fuerza de las olas o corrientes marinas. Y las enfermedades que
llenan el cerebro, el corazón o los pulmones de agua también pueden matar, incluso
estando en tierra seca.
Quizás sea por
eso que Jesús eligió el agua para marcar el comienzo de su ministerio público.
Cuando Juan lo bautizó, Jesús se sumergió en el agua y volvió a salir. Esto es
un simbolismo o prefigura de lo que iba a hacer al final de su ministerio
público, cuando libremente fue a la muerte para salvarnos y luego resucitó
nuevamente a la vida.
Jesús nos
mostró el camino a través de su Bautismo. El apóstol Pablo nos recuerda:
"¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús,
fuimos bautizados en su muerte? Porque por el bautismo fuimos sepultados con él
en su muerte para que, así como Cristo resucitó de los muertos por la gloria
del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva" (Romanos 6:3-4).
Al comienzo de
su ministerio Jesús nos muestra el camino a través de las aguas de la vida y la
muerte y nos ofrece un nuevo nacimiento a través del Bautismo en el nombre del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La muerte sigue estando, sí; la muerte
por nuestra vieja naturaleza pecadora, por el mal que nos acosa e infecta
nuestro corazón y mente. Y eso nos asusta. Pero Jesús ya conquistó la muerte y,
a través del Bautismo, nos hace hijos amados de Dios y nos promete la vida
eterna junto a él.
ORACIÓN: Señor Jesús, gracias por el don de la
vida a través del Bautismo. En este día y cada día de mi vida, ahoga el pecado
que hay en mí y levántame para vivir contigo en gozo y paz. Amén.
CRISTO PARA TODAS LAS N. - (DEV. “ALIMENTO DIARIO”)


