“Fieles son las heridas que causa el que ama, pero
engañosos son los besos del que aborrece.” Proverbios 27:6 (Leer: Levítico
19:15-18)
Al salir de un
servicio cuyo sermón se centró en los dones espirituales, una señora le dijo al
ministro: “Sabe, yo creo que tengo el don de la crítica, me siento muy bien al
decirle a otros sus defectos, por supuesto para ayudarles”. Respetuosamente, el
ministro le contestó: “¿Se acuerda de la parábola de Jesús, sobre una persona
que tenía tan sólo un talento? ¿Recuerda lo que Él hizo?” “Si” contestó ella,
“fue y lo enterró” (Mateo 25:18). Con una sonrisa en los labios el ministro le
dijo: “Pues vaya y haga usted lo mismo con ese don que cree tener”.
Si la crítica
no viene acompañada del amor y un genuino deseo de ayudar, sin duda sólo
servirá para mostrar la parte más cruel y destructiva de la humanidad. En el
libro de Levítico 19:17, encontramos un pasaje muy interesante que hace
referencia a esta verdad: “Ciertamente amonestarás a tu prójimo, para que no
cargues con pecado a causa de él”; debes tener cuidado de no caer en la
calumnia, ni alimentar el odio debido a una determinada situación.
Te damos tres
sencillas sugerencias que te ayudarán a determinar cuándo debes hacer una
crítica:
* Has orado mucho por esa situación y
¿al hacer esto deseas realmente ayudar a la persona?
* ¿Estás dispuesto a enfrentar a la
persona de forma honesta y amable?
* ¿Por qué estoy criticando? Porque me
gusta criticar, o porque no hay otra salida y crees sinceramente en tu corazón,
que no hay otra opción para corregir y hacer que esa persona crezca a tu lado.
Entonces, si tu
meta al criticar es ayudar motivado por un amor sincero hacia la persona y tu
deseo es agradar a Dios, entonces no debes tener remordimientos a la hora de
hacerlo.
1. Si tus intensiones no superan estos
tres sencillos consejos, entonces no hables, guarda silencio y ora por esa
persona.
2. Criticar es la última opción que debes
tener en mente, la primera siempre debe ser orar.
MD/HG -
(DEVOCIONAL DIARIO “MI DEVOCIONAL”)


