“Mientras Jesús caminaba junto al lago de Galilea,
vio a Simón y a su hermano Andrés. Estaban echando la red al agua, porque eran
pescadores. Jesús les dijo: ‘Síganme, y yo haré de ustedes pescadores de hombres.’”
Marcos 1:16-17 (Leer Marcos 1:16-20)
Cuando era
niña, a menudo íbamos a acampar al río Kern en las Sierras, donde pescábamos
truchas. El garaje de mi casa estaba lleno de equipos de pesca. Había una caja
con aparejos, cañas, carretes y pequeños frascos con huevos de salmón de color
rojo brillante que usábamos de carnada. También había anzuelos: esos ganchos
horribles que podían atravesar un dedo si uno no tenía cuidado.
Los anzuelos
eran la razón por la cual no me gustaba mucho la pesca. Sí disfrutaba estar en
las rocas junto al agua. Y también comprendía que los pescados tuvieran que
morir para que pudiéramos alimentarnos. Eso no me molestaba. Pero no quería ver
a un pobre pescado salir del agua luchando con mi anzuelo clavado en su boca,
por lo que me alegraba en secreto cuando no pescaba nada.
Creo que muchas
personas sienten lo mismo con respecto al evangelismo. De alguna manera les
parece deshonesto tratar de hacer "picar el anzuelo espiritual" a
alguien, aun cuando sea por una buena causa. Sienten como que no están siendo
honestos. Quizás nosotros también nos alegramos cuando no pescamos nada.
Pero esa no es
la clase de pesca a la cual Jesús nos llama. Los hombres a quienes Jesús llamó
no pescaban con anzuelos y carnadas, sino con redes. Pescaban muchos peces a la
vez y lo hacían abiertamente. No usaban ningún truco y no causaban ningún dolor
innecesario a los peces.
Y cuando
comenzaron a pescar personas, la pesca fue mucho mejor aún: porque esos
"peces" humanos estaban destinados a la vida y no a la muerte. Esos
peces habrían de ser el amado pueblo de Dios, sus hijos; porque Jesucristo, el
maestro pescador, habría de dar su vida por ellos. ¿Anzuelos y carnada, dolor y
sufrimiento? Jesús los tomó todos sobre sí para que nosotros, su pesca, podamos
vivir.
ORACIÓN: Gracias, Jesús, por pescarme y hacerme
tuyo. Utilízame para traer a otros a la fe en ti. Amén.
CRISTO PARA TODAS LAS N. - (DEV. “ALIMENTO DIARIO”)


