“Como a un
natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás
como a ti mismo…” Levítico 19:34 (Leer: Levítico 19:33-34)
Asisto a una iglesia ubicada en un campo grande y
abierto; algo raro en la isla de Singapur, que mide apenas 40 kilómetros de
largo por casi 25 de ancho. Hace un tiempo, personas extranjeras que trabajan
en mi país empezaron a hacer picnic los domingos en el terreno de la iglesia.
Esto despertó diversas respuestas de los miembros la
iglesia. A algunos les preocupaba el desorden que dejaban, pero otros lo
consideraron una oportunidad puesta por Dios brindar hospitalidad a un
maravilloso grupo de extranjeros… ¡sin siquiera tener que salir de la propiedad
de la iglesia!
Es probable que los israelitas hayan enfrentado
situaciones similares. Después de establecerse en su nueva tierra, tuvieron que tratar de resolver cómo
relacionarse con los otros pueblos. Pero Dios, expresamente, les ordenó que
trataran a los extranjeros como iguales, y que los amaran como a sí mismos
(Levítico 19:34). Muchas de sus leyes los mencionaban de manera especial: no
debían ser maltratados ni oprimidos, sino amados y ayudados (Éxodo 23:9;
Deuteronomio 10:19). Siglos después, Jesús nos ordenaría lo mismo: amar a
nuestros prójimos como a nosotros mismos (Marcos 12:31).
Recordemos que somos peregrinos en esta Tierra, pero que
Dios nos amó y nos trató como a su pueblo.
Señor, ayúdame a amar a los extranjeros.
Recibir el amor de Dios por nosotros es la clave para
amar a los demás.
(La Biblia en
un año: Levítico 19–20 — Mateo 27:51-66)
LESLIE KOH -
(DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO")


