“… a su amado dará Dios el sueño.” Salmo 127:2
(Leer Salmo 127:1-2)
Finalmente, el 8 de enero de 1964, Randy Gardner,
de 17 años, hizo algo que no había hecho durante 11 días y 25 minutos: se quedó
dormido. Quería superar el récord mundial Guinness de mantenerse despierto.
Bebiendo refrescos y jugando al básquet y a los bolos, evitó dormir una semana
y media. Antes de colapsar, sus sentidos del
gusto, olfato y audición se descontrolaron. Décadas después, Gardner
sufrió de graves ataques de insomnio. Batió el récord, pero también confirmó lo
innegable: dormir es fundamental.
Muchos luchamos para dormir bien por la
noche. A diferencia de Gardner, podemos sufrir de insomnio por diversas
razones; incluso, por una montaña de ansiedades: temor a todo lo que
necesitamos lograr, miedo a las expectativas de los demás, estrés de vivir a un
ritmo frenético. A veces, nos resulta difícil perder ese temor y relajarnos.
El salmista nos dice que «si el Señor no
edifica la casa», trabajamos en vano (Salmo 127:1 RVC). Nuestros incesantes
esfuerzos son inútiles a menos que Él provea lo que necesitamos: «a su amado
dará Dios el sueño» (v. 2). Y el amor de Dios se extiende a todos. Él nos
invita a entregarle nuestras ansiedades y sumergirnos en su reposo; en su
gracia.
Señor, estoy tan ansioso. Por favor, ayúdame a confiar en ti de noche y de día; en
todas las áreas de mi vida.
Confiar en Dios nos libera de la ansiedad y
hace que descansemos.
(La Biblia en un año: Levítico 17–18 — Mateo 27:27-50)


