“Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura
a volver al lugar de donde se levanta. El viento tira hacia el sur, y rodea al
norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo. Los
ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos
vinieron, allí vuelven para correr de nuevo. Todas las cosas son fatigosas más
de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de
oír.” Eclesiastés 1:5-8
Día tras día millones de personas se levantan
de la cama, casi automáticamente se preparan para salir a la calle, se suben a
su auto, se dirigen a su trabajo, pasan ocho o diez horas realizando su
función, vuelven a montarse en el automóvil, toman el camino de regreso a la
casa, llegan, se bañan, comen, hacen alguna que otra actividad y se acuestan a
dormir... hasta el otro día en que se repite aproximadamente la misma rutina.
Así se van los días, las semanas, los meses y los años. Lo triste de todo esto
es que la inmensa mayoría de estas personas no se detienen un momento para
conocer o analizar el propósito de su existencia. Simplemente se conforman a
esta rutina, y actuando casi de manera inconsciente ven pasar sus vidas delante
de sus ojos sin encontrar jamás algún sentido en ellas. El sabio Salomón se
detuvo a reflexionar sobre este aspecto y se inspiró para escribir el pasaje de
hoy.
Bertrand Rusell, filósofo y matemático
inglés, conocido ateo del siglo XIX declaró: “A menos que se de por hecho la
existencia de Dios, la búsqueda del propósito de vivir no tiene sentido.” ¡Qué
palabras tan sabias! Lamentablemente no formaban parte de los principios
fundamentales de su propia vida. Hay, sin lugar a dudas, una enorme diferencia
entre la vida de aquellas personas que han llegado a conocer el propósito de
Dios en sus vidas y lo han hecho suyo, y las que no lo conocen. No conocer este
propósito tiene muy malas consecuencias. Si no conoces el propósito de tu vida,
ésta te parecerá:
1. Agotadora. Imagínate
a un corredor de larga distancia, al cual no se le diga dónde está la meta de
la carrera que está a punto de comenzar o cuánta distancia tiene que correr, en
qué dirección, etc. Este hombre correrá sin rumbo fijo hasta que caiga al suelo
víctima del agotamiento. De igual manera aquella persona que anda en esta vida
sin conocer el propósito para el cual fue creada, dará vueltas y vueltas como
rueda de molino y eventualmente se sentirá agotada física, mental y
espiritualmente. Dice el pasaje de hoy: “Todas las cosas son fatigosas más de
lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de
oír.”
2. Vacía. Fuimos
creados para vivir en comunión con Dios. Cuando estamos alejados de él, y por
lo tanto desconocemos su propósito en nuestras vidas sentimos un vacío muy
grande. Blas Pascal, matemático, físico y filósofo cristiano francés
(1623-1662) dijo: “En el corazón de todo hombre existe un vacío que únicamente
puede ser llenado por Dios.” Muchas personas, erróneamente, tratan de llenar
ese vacío de diferentes maneras por sus propios medios. Unos lo intentan por
medio del trabajo, o por medio de la fama, o tratan de obtener muchas riquezas,
o a través de los conocimientos, o posiciones políticas, o el sexo, las drogas,
las diversiones, en fin se concentran en conseguir aquello que, de acuerdo a su
propio criterio, llenará su vacío. Lamentablemente nada de esto tiene
resultado, pues solamente Dios puede llenarlo.
3. Incontrolable. Un
barco averiado en medio del océano, sin brújula u otro instrumento de
navegación es empujado por las olas, el viento y las corrientes marinas sin
rumbo determinado y sin ningún control. Así es una vida sin propósito. Su
dirección será siempre determinada por los eventos y las circunstancias y por
lo tanto la actitud de esa persona será incontrolable e impredecible. Dijo el
sabio Salomón: “Lo torcido no se puede enderezar, y lo incompleto no puede
contarse.” (Eclesiastés 1:15).
Una vida sin propósito estará siempre
afectada por estas y otras malas consecuencias. Es necesario que nos enfoquemos
en conocer el plan de Dios en nuestras vidas y hacernos el propósito de
obedecer sus instrucciones.
ORACIÓN. Padre
santo, gracias porque has tenido un plan para mi vida aun antes de que yo
naciera. Perdóname por haber vivido alejado de ti y de tu voluntad. Capacítame
para conocer ese plan y andar en esta vida conforme a tus propósitos. En el
nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE
SANZ – (DEVOCIONAL DIARIO “DIOS TE HABLA”)


