“Después
de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. Y hay
en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo
Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En éstos yacía una multitud de enfermos,
ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un
ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que
primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de
cualquier enfermedad que tuviese. Y había allí un hombre que hacía treinta y
ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba
ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo
quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy,
otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y
al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de
reposo aquel día.” Juan 5:1-9
Hace años un hombre llamado David Gelernter
sufrió lesiones permanentes al abrir un paquete explosivo que le envió un
individuo conocido como “el Unabomber”. Ha pasado mucho tiempo y Gelernter
todavía sufre dolores y molestias cada día de su vida. Sin embargo él siempre
se ha negado a verse a sí mismo como una víctima indefensa y a refugiarse en la
autocompasión. En una ocasión él escribió: “Si se mueve a una persona a que se
vea como víctima de algo (ya sea un delito, la pobreza, la intolerancia, los
prejuicios o la mala suerte) se le hace la carga más pesada."
En el ser humano existe una tendencia a verse
a sí mismo como víctima de las injusticias y la maldad de este mundo. Es fácil
echarle la culpa a la mala suerte o a las circunstancias por habernos despojado
de alguna manera de la oportunidad de ser la clase de persona que deseábamos
ser. Cuando actuamos de esta manera vivimos en un estado de conformismo
negativo que elimina toda esperanza de mejorar.
En el pasaje de hoy Jesús hizo una pregunta a
un hombre paralítico que estaba acostado junto al estanque de Betesda. Con
amante compasión le dijo: “¿Quieres ser sano?” Jesús sabía que éste era el
mayor anhelo del corazón de aquel hombre. Pero también esperaba de él, además
de admitir que era incapaz de lograrlo por sí mismo, una expresión más
entusiasta de su deseo de ser sano. Lo mismo sucede con la salvación. El Señor
sabe que necesitamos desesperadamente la salvación de nuestras almas, pero él
espera de nuestros labios no sólo la confesión de que estamos perdidos, sino
también una actitud de gozo al recibirlo como nuestro Salvador.
Aquel hombre contestó con un lamento: “Señor,
no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto
que yo voy, otro desciende antes que yo.” Él llevaba treinta y ocho años
enfermo sin poder caminar, y sin duda había perdido toda esperanza. Por eso lo
invadía un sentimiento totalmente pesimista. Deseaba ser sano pero su pesimismo
le impedía hacer algo para lograrlo. Y ni siquiera la presencia del Señor, ni
sus palabras de esperanza hicieron que mostrara optimismo ante la preciosa
oportunidad de ser sanado. Jesús entonces, manifestando su amor y su poder, le
dijo: “Levántate, toma tu lecho, y anda.” Es como si le hubiera dicho: “Anímate,
esfuérzate, deja tu pesimismo y ten fe.” El hombre obedeció e inmediatamente
fue sanado.
Mientras vivimos en este mundo corrompido por
el pecado sufriremos pruebas y aflicciones. Si aplicamos esta enseñanza a
nuestras vidas podremos ser optimistas en cuanto al futuro. Escucha atentamente
la pregunta que hace Jesús: “¿Quieres ser sano?” En otras palabras, “¿Quieres
salir de esa situación en que te encuentras?” “¿Quieres vivir en victoria?” No
mires a las circunstancias. El que te habla está muy por encima de ellas. Él ha
vencido al mundo. No sientas lástima de ti mismo. Dios puede bendecirte y
glorificar su nombre aunque estés en medio de una terrible prueba. Confía en
Dios y mira hacia el futuro con optimismo. Levántate y marcha adelante en el nombre
del Señor. Apóyate en Su fortaleza y actúa en fe. Entonces verás un milagro.
ORACIÓN. Padre
santo, ayúdame a mirarte a ti en lugar de enfocarme en las circunstancias que
me rodean. Aumenta mi fe de manera que yo pueda esperar siempre la victoria aún
en medio de las pruebas. Hoy yo declaro que todo lo puedo en Cristo que me
fortalece, y marcho adelante en victoria. En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE
SANZ – (DEVOCIONAL DIARIO “DIOS TE HABLA”)


