sábado, 9 de febrero de 2019

La divinidad y la humanidad de Jesucristo (1) 9 febrero





“Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos.” Romanos 9:5

“Cristo Jesús... hecho semejante a los hombres... se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Filipenses 2:7-8


(Leer 2 Samuel 3:1-21 – Mateo 25:1-30 – Salmo 21:1-7 – Proverios 8:17-21)


Durante una tempestad en el lago de Tiberias, Jesús dormía en la popa de la barca, como cualquier hombre cansado. Pero un momento después se levantó como el Dios poderoso a quien el viento y el mar obedecen (Marcos 4:36-41). Asombrados, sus discípulos vieron el poder divino reemplazar a una apariencia de debilidad humana.

La Biblia establece con igual fuerza la divinidad y la humanidad de Jesús. Este es un misterio ante el cual nos inclinamos sin comprender. Por un lado, Cristo es Dios, el Enviado del Padre, y por el otro, él es la simiente de la mujer (Génesis 3:15).

Jesucristo fue perfectamente Dios y perfectamente hombre, desde su nacimiento hasta su crucifixión. Es imposible separar sus dos naturalezas. Esa unión de su humanidad y su divinidad se manifestó desde el nacimiento de nuestro Señor. Siendo “nacido de mujer” (Gálatas 4:4), fue concebido por el Espíritu Santo en el cuerpo de una virgen elegida por Dios (Lucas 1:35). Se hizo “semejante a los hombres”, sin embargo siguió siendo “Dios... manifestado en carne” (1ª Timoteo 3:16).

Como todo hombre, nuestro Señor Jesucristo tuvo sed, hambre, se cansó (Hebreos 2:17-18). Se hizo semejante a un hombre para poder socorrer a los hombres en todas sus angustias. Pero al mismo tiempo era Dios soberano, como lo demostraban los milagros y prodigios que hacía, y como lo probó su resurrección (Romanos 1:4).


(Mañana continuará)



EDICIONES BÍBLICAS – (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)









TRADUCCIÓN