“Porque los ojos del Señor están sobre
los justos, y sus oídos están atentos a sus oraciones. Pero el rostro del Señor
está contra aquellos que hacen el mal.” 1ª Pedro 3:12 (Leer Salmos 121:1-8)
Era una fría
mañana de invierno, pero eso no había impedido que los niños realizaran su
acostumbrado entrenamiento y posterior partido contra un equipo de otra
localidad. Iban perdiendo estrepitosamente, los niños corrían desesperadamente
tras la pelota, pese a ello ese día no había caído ningún gol a favor pero sí
muchos en contra.
Aun así los
padres animaban con todas sus ganas a los pequeños, lo que menos les importaba
era el resultado, habían decidido acompañar a sus hijos a pesar del clima, del
duro cemento de la gradería, y de que pudieron haber dormido ese día hasta
tarde aprovechando la fría lluvia que los acompañó todo el día. Y ¿por qué estaban
dispuestos a hacer eso? Tan sólo por una simple pero poderosa razón: el amor. Perdieran
o ganaran era lo menos importante, se trataba de sus hijos y todo lo que
hicieran era importante, tenían sus ojos puestos en ellos.
Al pensar en esta historia, podemos empezar a
entender aunque sea un poco el significado del amor de Dios por nosotros. Dios ama a
cada uno de sus hijos e hijas, muchas veces más de lo que nosotros podamos amar
a nuestros pequeñines; mucho más que aquellos padres en aquel día frío que no
se perdieron ni un segundo del juego de sus hijos y quienes tenían sus ojos
puestos en ellos. Dios tiene aún más cuidado de nosotros del que podamos
imaginar, nos ama y nos anima cuando estamos en medio de las peores batallas de
nuestras vidas. Está siempre presente y le importamos aunque tenga a millones
de hijos e hijas que observar, su mirada no se desvía de nosotros (1ª Pedro
3:12).
1. No olvides que a pesar de las
circunstancias de la vida, aunque sintamos que todos están en nuestra contra o
que estamos perdiendo estrepitosamente, Dios te está mirando y acompañando. Lo
que tienes que hacer también es empezar a verlo a Él: “puestos los ojos en
Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo que tenía delante de
él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se ha sentado a la diestra del
trono de Dios” (Hebreos 12:2).
2. Mantén tu
mirada en Dios, Él nunca la quita de ti.
HG/MD – (DEVOCIONAL DIARIO “MI DEVOCIONAL”)


