“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el
firmamento anuncia la obra de sus manos.” Salmo 19:1 (Leer
Salmo 19:1-6)
Mediante la astronomía acústica, los
científicos pueden escuchar los sonidos y los pulsos del espacio. Han
descubierto que las estrellas no recorren sus órbitas en silencio en el
misterioso cielo nocturno, sino que generan música. Tal como el sonido de las
ballenas jorobadas, el de las estrellas se produce en frecuencias que el oído
humano no puede captar. No obstante, la música de las estrellas, de las
ballenas y de otras criaturas se combina en una sinfonía que proclama la
grandeza de Dios.
El Salmo 19:1-4 afirma: «Los cielos cuentan
la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite
palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su
voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus
palabras».
En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo
revela que en Cristo, «fueron creadas todas las cosas, las que hay en los
cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles […]; todo fue creado
por medio de él y para él» (Colosenses 1:16). En respuesta a esta verdad, las
alturas y las profundidades del mundo natural cantan a su Hacedor. Unámonos a
la creación y cantemos de la grandeza de Aquel que «midió las aguas con el
hueco de su mano y los cielos con su palmo» (Isaías 40:12).
¡Oh, Dios, cuán grande eres!
«[Alabemos] el nombre del Señor; porque él mandó, y [fuimos] creados». Salmo
148:5
(La Biblia en un año: Éxodo 1–3 — Mateo 14:1-21)


