“Se juntaron con él (David) todos los
afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en
amargura de espíritu.” 1 Samuel 22:2
“(Jesús dijo:) Venid a mí todos los que
estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” Mateo 11:28
(Leer 1 Samuel 15 – Mateo 13:1-23 –
Salmo 12 – Prov. 3:32-35)
David era el
futuro rey de Israel, escogido por Dios. Pero antes de que se cumpliera la
promesa de su reinado, fue perseguido por Saúl, el rey en ejercicio, quien veía
en David a un rival. Huyendo de su enemigo, David halló refugio en una cueva.
Allí todos los afligidos, los endeudados, los que estaban llenos de amargura
hallaron a alguien capaz de comprenderlos y dirigirlos. David se convirtió en
su jefe.
En esta escena,
David es una conmovedora imagen de Jesús, nuestro Señor, quien invita a ir a él
a todos los que están cansados y cargados, los que tienen “sed” (Juan 7:37).
Vino por los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos, los que se portan
mal... (Lucas 4:18-19).
¿Sabe usted que la expresión “todo el que estaba
endeudado” nos designa a todos? En efecto, hemos contraído una deuda
moral con Dios, porque nuestros pecados lo han ofendido y requieren reparación.
Sin embargo esta deuda, demasiado pesada para nosotros, fue pagada por Jesús en
la cruz. Antes de morir exclamó: “Consumado es” (Juan 19:30). En aquella época
esta expresión estaba grabada en el sello que se ponía en una factura para
indicar que esta había sido pagada.
Volvámonos,
pues, con confianza a Jesús. En las aflicciones, en las experiencias amargas
que tengamos que atravesar, él es un refugio seguro. Él mismo sufrió, por lo
tanto comprende a los que sufren (Hebreos 2:17-18). Jesús prometió: “Al que a
mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37).
EDICIONES BÍBLICAS – (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


