“Despierta; ¿por qué duermes, Señor?
Despierta, no te alejes para siempre. ¿Por qué escondes tu rostro, y te olvidas
de nuestra aflicción, y de la opresión nuestra? Porque nuestra alma está
agobiada hasta el polvo, y nuestro cuerpo está postrado hasta la tierra.
Levántate para ayudarnos, y redímenos por causa de tu misericordia.” Salmo
44:23-26
La Biblia está llena de promesas de Dios para
sus hijos, por medio de las cuales el Señor nos asegura que él estará siempre a
nuestro lado y nos protegerá y suplirá todas nuestras necesidades. Por ejemplo,
el Salmo 121 declara que “no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel”,
y el Salmo 94:14 dice que “no abandonará Jehová a su pueblo, ni desamparará su
heredad.” En el Nuevo Testamento nuestro Señor Jesucristo promete que estará
con nosotros “todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28:20). Y Hebreos
13:5 nos recuerda que Dios dijo: “No te desampararé, ni te dejaré.” Pero cuando
las aflicciones se presentan en nuestras vidas y los sufrimientos nos agobian
es fácil olvidarnos o dudar de esas promesas. Entonces surgen preguntas y más
preguntas, como las que expresa el salmista en el pasaje de hoy en el que
incrimina a Dios porque "está dormido y alejado de su pueblo, y porque se
olvida de su aflicción."
¿Alguna vez te has preguntado si se puede
confiar en lo que dice la Biblia? ¿Has sentido en algún momento que Dios está
muy lejos y que no se preocupa por tus problemas? No creas que eres la única persona.
El reformador escocés John Knox confesó que pasó por una época de oscuridad
cuando su alma se llenó de “ira, de rabia y de indignación contra Dios, dudando
de todas sus promesas.” El reverendo Increase Mather, conocido ministro
puritano, escribió en su diario que se sentía “grandemente atormentado por las
tentaciones al ateismo.” Y Martín Lutero admitió con tristeza: “Durante más de
una semana, Cristo estuvo completamente perdido. Me sacudía la desesperación y
la blasfemia contra Dios.” Todos estos hombres fueron grandes siervos de Dios.
Y todos ellos pasaron por momentos de dudas y desaliento.
La Biblia nos cuenta acerca de Job y su lucha
contra la enfermedad y las aflicciones que le rodeaban. Hubo un momento en el
que Job se dirigió a Dios recriminándolo: “¿Por qué escondes tu rostro, y me
cuentas por tu enemigo?” (Job 13:24). Sin embargo, a pesar de sus dudas y sus
inseguridades Job se mantuvo firme en su fe, al punto que llegó a declarar: “He
aquí, aunque él me matare, en él esperaré.” Por eso más tarde él llegó a
entender la absoluta verdad acerca del Dios Todopoderoso y le dijo: “Yo conozco
que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el
que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía;
cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y
hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas te había oído; mas ahora
mis ojos te ven.” (Job 42:2-5).
No te sorprendas si tienes luchas similares.
Como seguidores de Cristo estamos en conflicto constante con el enemigo de
Dios, el diablo, el padre de la mentira (Juan 8:44). Nuestra lucha es contra él
y contra “huestes espirituales de maldad”, dice Efesios capítulo 6, y en este
mismo capítulo el apóstol Pablo les dice a los efesios: “Estad, pues, firmes,
ceñidos vuestros lomos con la verdad”, y “sobre todo, tomad el escudo de la fe,
con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.” Seguir este
consejo nos capacita para enfrentarnos a cualquier duda que Satanás ponga ante
nosotros.
Mantengámonos firmes en la fe y en la verdad
que es Jesucristo y rechacemos toda duda que el enemigo ponga en nuestras
mentes. Dediquemos un tiempo todos los días a orar y leer la Biblia. A medida
que saturemos nuestras mentes con la Palabra de Dios nuestra fe se fortalecerá.
Entonces podremos permanecer firmes cuando las dudas nos asalten, declarando
con absoluta firmeza lo que dice Hebreos 10:23: “Mantengamos firme, sin
fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.”
Dios es fiel, él nunca nos va a fallar, pues aun “si fuéremos infieles, él
permanece fiel”, afirma 2ª Timoteo 2:13.
ORACIÓN. Mi
bendito Padre celestial, ayúdame a permanecer firme en tu Palabra y en la
seguridad de tus promesas aún en momentos de aflicción y dificultad, y dame
fuerzas para rechazar toda duda respecto a tu fidelidad. En el nombre de Jesús,
Amén.
ENRIQUE
SANZ – (DEVOCIONAL DIARIO “DIOS TE HABLA”)


