“Sean prudentes y manténganse atentos, porque su
enemigo es el diablo, y él anda como un león rugiente, buscando a quien
devorar.” 1ª Pedro 5:8
Un amigo nos
contó una historia que ha estado dando vueltas entre los grupos de evangelismo.
Parece que Satanás y tres de sus compañeros una noche estaban descansando
después de la cena, conversando sobre qué se podría hacer para ganar más
personas para el infierno.
Un tentador joven
exclamó con entusiasmo: "¡Ya sé! Vamos a decirles que no hay Dios."
Satanás lo miró
con desdén y respondió: "Eso es ridículo. El conocimiento de Dios está
escrito en el corazón de las personas; nunca tendrás éxito con una mentira
así."
Entonces otro joven
demonio intervino: "¡Yo sé! Les diremos que no hay ni cielo ni
justicia."
A esto Satanás
respondió: "¡Necio! Todos saben que muchas veces no hay justicia en la
vida. Nunca convencerás más que a unos pocos de que no hay justicia en la
eternidad."
Finalmente, el
tentador se levantó de un salto. "¡Ya sé!" Gritó. "No diremos
que no hay Dios, ni cielo, ni infierno. Solo diremos que no hay prisa."
La cara de
Satanás se iluminó mientras alegremente se frotaba las manos.
"¡Excelente!" respondió. "La mentira perfecta. Con ella
ganaremos el mundo."
Y procedió a
hacer precisamente eso.
Una y otra vez,
en el trabajo evangelístico, al hablar con las personas sobre la relación con
el Señor Jesús, nos encontramos con familias enteras que parecen receptivas. No
se resisten. No nos cierran la puerta en la cara. Sin embargo, ignoran la
invitación de la gracia de Dios. Puede que nos digan: "Después de las
vacaciones, cuando los niños vuelvan a la escuela podemos comenzar a asistir a
la iglesia." O: "Después de Navidad, cuando las cosas se calmen un
poco, esa será nuestra resolución del Año Nuevo." O: "Esta primavera,
cuando tengamos mejor clima y no sea una molestia moverse."
Después de
todo, ¿cuál es la prisa? Ya vamos a llegar.
Más triste aún
es que el pueblo de Cristo cree la mentira de Satanás, o al menos actúa como si
creyera que "no hay prisa". No tiene urgencia en compartir su fe, por
lo que espera alguna oportunidad de oro cuando las estrellas se alineen, el clima
sea el adecuado y todos tengan el conocimiento suficiente de la Biblia para
hablar de Jesús. Eso, como es de esperar, nunca sucederá. Al final,
tristemente, los cristianos a menudo usamos las mismas excusas que usan los
incrédulos para no responder a la invitación del evangelio.
Los campos
están blancos. La cosecha está lista. Los trabajadores... somos nosotros (ver
Mateo 9:35-38). Si hemos fallado en el pasado, podemos comenzar de nuevo e
intentarlo nuevamente una y otra vez si es necesario. ¡Y tendremos que hacerlo!
Porque —y esto no nos debe extrañar— muchas veces fallamos en lo que hacemos.
Gracias a Dios, nuestro Señor Jesús nos perdona, y mediante ese perdón nos da
el poder para contar su historia a un mundo que necesita escuchar noticias
realmente buenas.
Por la gracia
de Dios, esta puede ser nuestra resolución de Año Nuevo.
ORACIÓN. Padre celestial, con facilidad
pensamos que siempre habrá un mañana para hacer lo que debemos hacer hoy. Te
pedimos que nos ayudes a través de tu Espíritu Santo, para que hablemos cuando
sea necesario para que otros puedan conocer el amor de Jesús. En su nombre
oramos. Amén.
Tomado de The
Lutheran Layman, octubre de 1981, "No hay prisa", Jane L. Fryar
PARA EL CAMINO – (DEVOCIONAL “ALIMENTO DIARIO”)


