“Me deleitaré en tus estatutos; no me
olvidaré de tus palabras.” Salmos 119:16 (Leer Levítico 18:1-5)
Es muy normal
que cuando inicia un año, las personas hagan muchos buenos “propósitos”, como
hacer dieta, empezar a hacer ejercicio, comenzar a estudiar, llegar temprano a
clases, mejorar la relación de pareja, empezar a leer la Biblia, hablar con
Dios todos los días, etc.; pero también es terriblemente normal que a los pocos
días abandonen esos buenos “propósitos”.
Por ejemplo,
las personas inician muy emocionadas a leer la Biblia completa; las primeras
historias son muy cautivadoras: la creación, el diluvio, el arca, la torre de
Babel, la historia de José y el Éxodo, pero de repente se encuentran con la
pesada literatura no tan “emocionante” de Levíticos, un libro que está lleno de
tecnicismos, leyes y cuidados.
Sin embargo,
ahí es cuando debemos ver más allá y comprender que por ejemplo Levíticos, es
un texto pensado en peregrinos que buscan su tierra prometida, se trata de una
guía de vida que les ayudó a entender la santidad de Dios y la forma reverente
en la cual debían comportarse ante su presencia. Ellos no sabían todo lo que
ahora sabemos sobre las enfermedades y cuidados, por lo tanto necesitaban
ordenanzas en cuanto a higiene y orden, y el Señor les facilitó esta guía del
viajero que los guiaría en su caminar de 40 años en el desierto y les
facilitaría su vida en comunidad.
El libro de
Levítico está lleno de figuras literarias que ilustran la salvación de Dios, figuras
que fueron usadas casi 1500 años antes de la venida del Salvador. No debes
olvidar que todo sacrificio y ofrenda señalan finalmente la misión de Jesús: su
muerte en el calvario y posterior resurrección “¡He aquí el Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29).
1. En tu camino de Génesis hasta
Apocalipsis, no des espacio a las distracciones, disfruta de los detalles que
ofrece Levítico, piensa en los nombres e imagina lo que vieron las personas que
encuentras en Números y disfruta del relato de reyes pasados; lee con emoción
cómo los muros cayeron frente a Josué y sus hombres, relee los milagros del
Señor, imagina que lo oyes predicar el sermón del monte, relata como un testigo
la historia de su muerte y resurrección, y sobre todo da gracias a Dios porque
te permitió leer la Biblia, un libro prohibido por mucho tiempo y que aún hoy
día algunos no puede leer.
2. Toda la Biblia nos señala que existe un
sólo camino al cielo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al
Padre sino por mí” (Juan 14:6).
HG/MD – (DEVOCIONAL DIARIO “MI DEVOCIONAL”)


