sábado, 22 de diciembre de 2018

¿Qué hacer cuando estamos tristes? 22 diciembre





“Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo. Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar; se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido.” Salmo 31:9-10


Todo ser humano durante el transcurso de su vida experimenta en algún momento tristeza en mayor o menor grado. Este sentimiento se repite una y otra vez durante nuestra existencia y las causas que lo motivan son muy variadas. La pérdida de un ser querido, la ruptura de una relación sentimental, problemas relativos a los hijos, una mala situación económica y otras razones por el estilo pueden hacernos caer en un estado de tristeza tan profunda que lleguen a agotar nuestras fuerzas. En el pasaje de hoy, estando en el exilio y perseguido por el rey Saúl, David nos habla de este tipo de tristeza. Dice: “Se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo.” Después declara que sus fuerzas se agotan y siente que hasta sus huesos “se han consumido.”

¿Es normal que un hijo de Dios sienta tristeza? Desde luego que sí. La experiencia nos enseña que, al igual que los no creyentes, mientras caminamos en este mundo los cristianos encontramos muchas pruebas, algunas de las cuales traen con ellas una gran dosis de aflicción y tristeza que afectan nuestras vidas profundamente. Jesús mismo en ocasiones sintió tristeza. En Getsemaní, a pocas horas de su muerte en la cruz, se sintió muy triste, tan triste que les dijo a sus discípulos: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.” (Mateo 26:38). Pero en medio de su tristeza Jesús no sólo les pidió a ellos que se mantuvieran en oración, sino que él mismo se postró y clamó al Padre tres veces sometiendo a él su voluntad. Entonces la tristeza desapareció y Dios le dio la paz y la fortaleza que él necesitaba para enfrentarse a la terrible cruz.

Aun en medio de la más grande de las tristezas debemos clamar a Dios confiando que él tiene el poder para reemplazar esa tristeza con el perfecto gozo que proviene del Espíritu Santo. El apóstol Pablo estaba preso en Roma cuando escribió la Epístola a los Filipenses. Con seguridad las condiciones que le rodeaban traían tristeza y ansiedad a su corazón. Sin embargo Pablo, basado en su propia experiencia, les dice a los filipenses: "Regocijaos en el Señor siempre." Y los exhorta a orar y a dar gracias a Dios, y entonces les asegura que “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:4-7). Cuando David clamó en medio de su tristeza, el Señor lo oyó, y lo fortaleció, y lo llenó de gozo. Por eso él termina el Salmo 31 aconsejando y alentando a todos aquellos que por una razón u otra están tristes: “Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón.” (Salmo 31:24).

¿Qué debemos hacer cuando nos sentimos tristes? La Palabra de Dios nos da pautas a seguir para combatir la tristeza y sentir paz y gozo en nuestros corazones. Jesús advirtió a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33). Nadie está exento de pasar por momentos de aflicción y tristeza. La diferencia estriba en la manera de reaccionar en esos momentos. En el pasaje de hoy David clama por la misericordia de Dios. Más adelante en el versículo 14 de este Salmo 31, él declara: “Mas yo en ti confío, oh Jehová; digo: Tú eres mi Dios.” De esta manera reaccionó David en medio de su aflicción: Clamó a Dios, confió en él y el Señor lo escuchó. Así dice el versículo 22: “Tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba.” También en el Salmo 30:11 David declara: “Has cambiado mi lamento en baile. Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría.” Si meditamos en la experiencia del rey David llegaremos a la conclusión de que él encontró remedio para su tristeza clamando a Dios y confiando en él.

Muy difícilmente podemos escapar a los momentos de tristeza en nuestras vidas, pero podemos aprender de esta enseñanza lo que debemos hacer para salir triunfantes y llenos de paz de esas situaciones. Confiar en el Señor es la clave.


ORACIÓN. Padre santo, me postro delante de tu trono de gracia, trayendo ante ti mi tristeza y mi desaliento. A ti clamo desde lo más profundo de mi corazón sabiendo que tú puedes cambiar mi lamento en baile. En el nombre de Jesús, Amén.



ENRIQUE SANZ – (DEVOCIONAL DIARIO “DIOS TE HABLA”)









TRADUCCIÓN