“Pero
aconteció que oyendo Sanbalat y Tobías, y los árabes, los amonitas y los de
Asdod, que los muros de Jerusalén eran reparados, porque ya los portillos
comenzaban a ser cerrados, se encolerizaron mucho; y conspiraron todos a una
para venir a atacar a Jerusalén y hacerle daño. Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de
ellos pusimos guardia contra ellos de día y de noche.” Nehemías 4:7-9
En Nehemías capítulo 1 leemos la historia de
Nehemías, hombre temeroso de Dios. Estando él en el exilio llegó a sus oídos la
noticia de que el muro de Jerusalén había sido derribado y sus puertas
quemadas. Esto le afectó tremendamente y lloró e hizo duelo y ayunó y oró por
varios días. Entonces Dios puso en el corazón de Nehemías la enorme tarea de
reconstruir los muros, y le dio gracia delante del rey Artajerjes de Persia, de
quien él era el copero. El rey notó la tristeza de su siervo y le preguntó por
qué estaba triste. Nehemías le contó lo que había sucedido a su amada ciudad y
le pidió al monarca permiso para ir a reedificarla. El rey le concedió que
fuese a Jerusalén con el fin llevar a cabo la difícil tarea. Allí Nehemías
reclutó unos cuantos hombres y pusieron manos a la obra (capítulo 2). En el
pasaje de hoy se destaca la actitud de Nehemías ante las malas intenciones de estos
hombres llamados Sanbalat y Tobías y toda su gente. En medio de sus amenazas se
mantuvo firme orando al Dios todopoderoso y en guardia de día y de noche contra
las asechanzas de los enemigos.
Esto debe servirnos de ejemplo cuando nos
enfrentemos a las dificultades que se presenten ante nosotros. En nuestro
diario vivir encontramos ciertas situaciones que muchas veces pueden llegar a
convertirse en obstáculos para que los planes de Dios se lleven a cabo en
nuestras vidas. Chismes, críticas, conflictos, calumnias, problemas
financieros, problemas de salud o de cualquier otro tipo pueden ser piedras de
tropiezo puestas por el enemigo en el camino trazado por Dios para cada uno de
nosotros. De la actitud de Nehemías podemos aprender varias cosas. Entre ellas
las siguientes:
* Buscar siempre la voluntad de Dios. Cuando Nehemías recibió la noticia ayunó y oró durante
varios días. Entonces Dios puso en su corazón la tarea de reconstruir el muro.
* Confiar en el poder de Dios. Nehemías se entregó a la reconstrucción del muro de
Jerusalén confiando en que el poder del Señor se encargaría de los enemigos que
querían obstaculizar los planes de Dios. Ciertamente podemos declarar con toda
confianza que “si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31).
* Persistencia y dedicación a la obra de Dios. Las bendiciones y la protección de Dios están siempre
sobre aquellos que le obedecen y permanecen bajo su manto independientemente de
todos los obstáculos que se presenten. Dice el Salmo 91:1: “El que habita al
abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.” Una vez conocemos
la voluntad de Dios en nuestras vidas debemos persistir en lo que nos
corresponde hacer para que sus planes se lleven a cabo.
* Constancia en nuestra vida de oración. Cuando los israelitas fueron menospreciados y vituperados
por aquellos que se oponían a la reconstrucción del muro, Nehemías oró y
entonces recibieron la fuerza para continuar. Y a medida que el complot se
hacía mayor más clamaban Nehemías y sus compañeros a Dios, quien no solamente
desbarató los planes del enemigo, sino que dio a su pueblo sabiduría,
discernimiento y fuerzas para llevar a cabo la encomienda. Y edificaron el
muro, “y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el
pueblo tuvo ánimo para trabajar.” (Nehemías 4:6).
La tarea fundamental del diablo es crear
situaciones que tienen el fin de afectar y obstaculizar nuestra relación con
Dios e impedir que sus planes se lleven a cabo en nuestras vidas. Nuestra
actitud debe ser similar a la de Nehemías. Cuando vivimos una vida de oración
constante, y confiamos en la promesas de Dios para sus hijos, y nos
concentramos en obedecer al Señor todos los intentos del enemigo contra
nosotros serán totalmente infructuosos.
ORACIÓN. Mi
Padre amado, gracias te doy porque siempre estás dispuesto a ayudar a tus hijos
en las dificultades de esta vida. Te ruego que no permitas que los obstáculos
que yo encuentre me desvíen del camino que tú has trazado para mi vida. En el
nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE
SANZ – (DEVOCIONAL DIARIO “DIOS TE HABLA”)


