“Y el Dios de
paz os santifique en todo; para que vuestro espíritu y alma y cuerpo sea
guardado entero sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel
es el que os ha llamado; el cual también lo hará.” 1ª Tesalonicenses 5:23-24
Desde hace muchos años que vi, que “sin santidad ningún
hombre verá al Señor,” empecé a seguirle y a estimular a todos aquellos con
quienes vine en contacto para que hicieran lo mismo. Diez años después, Dios me
dio una visión más clara para obtenerla, que la que tuve antes; a saber: por
medio de la fe en el Hijo de Dios. Inmediatamente declaré a todos, "Somos
salvos del pecado, somos santificados por la fe." Testifiqué esto en
privado, en público, por escrito, y Dios lo confirmó con un millar de testigos.
Durante más de treinta años he continuado declarando esto, y Dios ha continuado
confirmando mi trabajo. –JOHN WESLEY (1771)
"Conocí a Jesús, y fue muy querido para mi alma;
pero había algo en mí que me impedía el ser paciente, amable y cariñoso. Hice
lo posible por desterrar esto de mí, pero no lo conseguí. Rogué a Jesús que
hiciese algo por mí, y cuando le entregué mi voluntad, El vino a mi corazón y
quitó todo lo que no era amable, cariñoso y paciente, y después El cerró la
puerta." –GEORGE FOX.
"Todo mi corazón está satisfecho por completo con lo
que ha encontrado en Dios. Me siento sola con Dios; El llena el vacío; no poseo
ni un solo deseo o inclinación que no esté dirigido hacia El. Muchas veces he
pensado y me he maravillado de la conquista que Dios ha hecho con amor de todo
lo más profundo de mi ser. –LADY HUNTINGTON.
“Inmediatamente sentí sobre mi frente algo parecido al
tacto de una mano, no débil, sino omnipotente; no de ira, sino de amor. La
impresión que sentí no era exterior sino interior. Parecía oprimir toda mi
existencia y difundir en mi ser una energía consumidora del pecado. Tanto mi
corazón como mi cabeza se daban cuenta de la presencia purificadora de dicha
energía, bajo cuya influencia caí al suelo y en la alegre sorpresa del momento,
alcé mi voz en alto. La mano poderosa aún obró interior y exteriormente, y por
donde quiera que pasaba parecía dejar la influencia gloriosa de la imagen del
Salvador. Durante unos minutos el profundo océano del amor de Dios me tragó por
completo; todas sus olas y ondas pasaron por encima de mí.” –BISHOP HAMLINE.
Cuando escribí mis contemplaciones sobre la santidad,
entonces me pareció ser de una naturaleza dulce, apacible, agradable, serena, la
cual producía en el alma una pureza, una brillantez y una paz que no es posible
describir. En otras palabras; que convertía el alma en una especie de campo o
jardín de Dios con toda clase de frutos y flores agradables, todas deliciosas y
tranquilas, gozando de una calma apacible y de los rayos suaves y vivificadores
del sol. –JONATHAN EDWARDS.
L.
B. COWMAN - (DEV. “MANANTIALES EN EL DESIERTO”)


