A medida que
Estados Unidos se hunde más en la impiedad, cada vez más personas de Dios
quieren seguir su propio camino. Tales personas no quieren ser vestidas por
Cristo en vestiduras de justicia; sólo quieren vivir para ellos mismos, sin
obligaciones ni compromisos. Por sus actitudes, le están diciendo al Señor:
“Déjame disfrutar mi sociedad contigo para que los demás me vean tan bien como
a ti”.
Las iglesias en
América y en todo el mundo están llenas de millones de personas que se llaman a
sí mismos cristianos, que no tienen intimidad con Jesús. No pasan tiempo en
oración y no toman sus Biblias para ver lo que él desea de ellos.
De alguna
manera, estas personas se han unido al nombre de Cristo completamente por su
cuenta. Nuestro Señor no tendrá parte de tal arreglo. Cristo claramente
advierte en Marcos: “Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la
casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana;
para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. Y lo que a vosotros
digo, a todos lo digo: Velad” (Marcos 13:35-37).
Leemos la
parábola de las diez vírgenes, cinco sabias y cinco insensatas (ver Mateo
25:1-13). “Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron” (Mateo
25:5). Todas las vírgenes, tanto las insensatas, como las sabias, se quedaron
dormidas. ¿Cómo podrían estas vírgenes sabias estar durmiendo? ¿Cómo podría
cualquier siervo piadoso, aquellos que se han preparado para el regreso de
Jesús durante tanto tiempo, estar dormidos cuando el Señor se acerca?
Veamos una
advertencia de Pablo: “Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de
levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra
salvación que cuando creímos” (Romanos 13:11). Pablo también advierte:
“Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará
Cristo. Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como
sabios” (Efesios 5:14-16).
Si sientes que
te has vuelto perezoso en tu búsqueda de Jesús, decide buscarlo con todo tu
corazón, mente, alma y fuerza. Comienza a orar a lo largo del día y haz de
Cristo el centro de tu pensamiento.
DAVID WILKERSON – (DEVOCIONAL DIARIO “ORACIONES”)


