“… el reino de Dios se ha acercado…” Marcos
1:15 (Leer Lucas 2:42-52)
Casi siempre que aparece un ángel en la
Biblia, lo primero que dice es: «¡No temas!». ¡Claro! Cuando lo sobrenatural se
contacta con el planeta Tierra, suele dejar a los observadores humanos
postrados de miedo. Pero Lucas habla de una aparición en una forma que no
atemoriza. En Jesús, nacido entre animales y colocado en un pesebre, Dios se
nos acercó de un modo al que no debemos temerle. ¿Qué puede ser menos aterrador
que un recién nacido?
En este mundo, Jesús es Dios y hombre. Como
Dios, obra milagros, perdona pecados, conquista la muerte y anticipa el futuro.
Pero a los judíos, acostumbrados a que Dios se manifestara como una nube
brillante o una columna de fuego, Jesús les genera mucha confusión. ¿Cómo
podría un bebé de Belén, hijo de un carpintero de Nazaret, ser el Mesías de
Dios?
¿Por qué tomó Dios forma humana? Refiriéndose
a Jesús con doce años de edad y debatiendo con los rabinos en el templo, Lucas
nos dice: «todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus
respuestas» (2:47). Por primera vez, personas comunes podían conversar con Dios
en forma visible.
Jesús puede hablar con cualquiera —los
padres, un rabino, una viuda pobre— sin tener que decir antes: «¡No temas!». En
Él, Dios se nos acerca.
Padre, esta Navidad te damos gracias por
acercarte a nosotros en Cristo.
«Jesús era Dios y hombre en una sola persona,
para que Dios y el hombre pudieran volver a estar juntos y felices». George
Whitefield
(La Biblia en un año: Miqueas 4–5
— Apocalipsis 12)


