“Porque, ¿quién soy yo, y qué es mi
pueblo, para que podamos ofrecer espontáneamente cosas como estas, siendo todo
tuyo, y que de lo que hemos recibido de tu mano, te damos?” 1 Crónicas 29:14 (Leer Salmo 95:1-11)
En Seattle,
Washington, hay una casa construida mayormente de cristal tanto por dentro como
por fuera. En su interior hay miles de objetos de cristal, las luces ayudan a
reflejar la belleza del multicolor material; los lavados, repisas, estantes,
escaleras, en fin, todo está hecho de diferentes tipos y grosores de vidrios en
su interior.
Quizás pienses
que sus dueños pasan estresados evitando que algo se vaya a romper, pero es
todo lo contrario, ellos invitan a los visitantes a caminar libremente por toda
la casa. Su motivación no es acumular, sino compartir con otros su colección;
ellos dicen que no son los dueños, tan sólo son los cuidadores.
El comentario
de los dueños de esta colección, reflejan un principio bíblico que se aplica a
todas nuestras posesiones; en realidad no somos dueños de nada, tan sólo somos administradores temporales o
cuidadores de las bendiciones de Dios. Aunque algunos puedan decir que
legalmente son dueños de posesiones, como creyentes debemos entender
humildemente y reconocer la siguiente verdad como lo hizo David: “Del Señor es
la tierra y todo lo que hay en ella; el mundo y los que lo habitan.” (Salmos
24:1).
Dios es quien
realmente tiene el título de propiedad de la tierra en la que vivimos, todo lo
que existe incluido por supuesto lo que poseemos, le pertenece. Él amorosamente
nos permite usar y administrar los recursos de este mundo por el tiempo en que
vivimos (Génesis 1:28).
1. ¿Estamos siendo generosos y sabios
administradores de lo que el Señor nos ha provisto?
2. Todo lo que tenemos es un préstamo del
Señor.
3. Las bendiciones físicas son de sus
mejores regalos. Compartir con otros las maravillosas bendiciones de las cuales
gozamos, debe ser uno de nuestros regalos para Él.
HG/MD – (DEVOCIONAL DIARIO “MI DEVOCIONAL”)


