“Conoce el Señor a los que son suyos.” 2ª Timoteo 2:19
“A sus ovejas llama por nombre... Mis
ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y
no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” Juan 10:3, 27-28
(Leer Jueces 9:1-29 – Apoc. 10 – Salmo 143:7-12
– Prov. 30:5-6)
La reina de
Inglaterra fue a la inauguración de una escuela e hizo un breve discurso a los
numerosos alumnos uniformados. Después de la ceremonia, una niña se puso a
llorar. La profesora, inquieta, le preguntó:
–¿Por qué
lloras? ¿No pudiste ver a la reina?
–Claro que la
vi, dijo la niña sollozando, pero la reina no me vio a mí.
La reina, como
es normal, no pudo fijarse en cada niño en particular.
A veces, en
nuestra época de computadores y bases de datos, tenemos la impresión de no ser
más que un número. Un número del sistema de seguro social, un número en el
hospital, un número en el banco, un número anónimo entre la multitud... ¡Y nos invade el angustioso sentimiento de
que nadie se interesa por nosotros!
Sin embargo,
hay Alguien que me conoce muy bien. Conoce mi nombre, oye mis suspiros y me ve
siempre. El rey David era totalmente consciente de ello cuando escribió: “Tú
has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis
pensamientos” (Salmo 139:2).
Usted que lee este
texto, quizá no conozca al Señor Jesús, pero él lo conoce, sabe su nombre, así
como conocía el nombre de Zaqueo sin haber tenido un encuentro previo con él
(lea Lucas 19:1-10). Deposite su confianza en él y tendrá la felicidad de oírle
decir: “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú” (Isaías
43:1).
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


