“Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios.” Hebreos 4:9
“El reposo incluye victoria, y Jehová les dio reposo
alrededor … Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos.” Josué 21:44
“Hermoseará a los humildes con victoria.” Salmo 149:4 (Versión de Rotherham)
Un evangelista muy eminente nos habla de una madre, quien
era una cristiana muy inquieta e impaciente. Él hablaba con ella horas y horas
con el fin de convencerla de la pecaminosidad que existe en irritarse, pero
todo era en vano. Ella era semejante a cierta anciana que dijo una vez que
había sufrido muchísimo, especialmente de las aflicciones que nunca le
llegaron.
Una mañana, la madre vino con su cara sonriente a tomar
el desayuno. El le preguntó qué le había sucedido, y le respondió, que por la
noche había tenido el siguiente sueño.
Soñó que caminaba por uno de los senderos principales con
una gran multitud que parecía estar muy cansada y cargada. Casi todos llevaban
pequeños paquetes negros, y notó que había un gran número de personas
repulsivas, las cuales creía que eran demonios que dejaban caer estos fardos
negros para que la gente los cogiese y los llevase.
Lo mismo que los demás, ella también cogió su carga innecesaria
y fue cargada con los fardos del diablo. A poco rato, miró hacia arriba y vio
un Hombre con un rostro radiante y cariñoso que iba de un lado para otro por
medio de la multitud y consolando a la gente.
Al fin, El se acercó a ella y vio que era su Salvador. Lo
miró y le dijo lo cansadísima que estaba, y entonces con una triste sonrisa, Él
le respondió: "Hija mía, yo no te dí esa carga; no tienes necesidad alguna
de ella. Esa es una carga del diablo, la cual está atormentando toda tu vida.
Arrójala, y rehúsa el tocarla aun con uno de tus dedos, y encontrarás fácil tu
camino y como si fueses llevada sobre las alas de un águila."
Él tocó su mano, y fue llena de paz y gozo, y estaba a
punto de arrojarse a Sus pies con un gran gozo en acción de gracias, cuando de
repente se despertó y se dio cuenta que todas sus inquietudes habían
desaparecido. Desde aquel día, hasta el fin de su vida, ella fue la persona más
contenta y feliz de la casa.
L.
B. COWMAN - (DEV. “MANANTIALES EN EL DESIERTO”)


