“Despiértate, tú que duermes, y
levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.” Efesios 5:14
“Lo que a vosotros digo, a todos lo
digo: Velad.” Marcos 13:37
(Leer Josué 20 –
Colosenses 4 – Salmo 136:1-9 – Prov. 28:27-28)
A veces,
despertar a un hombre dormido es hacerle un gran favor o incluso salvarle la vida.
El dormilón, en efecto, pierde conciencia de su situación. Un ladrón puede
entrar en su habitación sin que él se dé cuenta; un incendio se puede desatar
en su casa y bloquear todas las salidas sin que él se percate de ello. ¡Cuántos
accidentes automovilísticos son provocados por el sueño de un conductor
cansado!
La Palabra de
Dios toma el sueño como imagen de la inconsciencia del hombre respecto a su
estado espiritual. Un enfermo, bajo el efecto de un tranquilizante, puede
perder toda sensación de dolor y dejar de preocuparse por su enfermedad. De la
misma manera, el hombre puede acostumbrarse a vivir en una especie de
somnolencia con respecto al presente, engañarse con ilusiones respecto al
futuro, y ocultar los grandes problemas
de la existencia: el pecado, la muerte, el más allá.
Algunos van por
la vida como sonámbulos al borde de un precipicio. Nuestro deber es gritarles:
¡Despierte, está en peligro de muerte! ¡La realidad es muy diferente de lo que
está soñando! Si no abre los ojos ahora, de repente se encontrará en la
eternidad; entonces se despertará... ¡pero será demasiado tarde! Vuélvase a
Jesús ahora mismo.
Y nosotros,
creyentes, velemos para no dormirnos. Es el momento de honrar y servir a
nuestro Señor. “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando
venga, halle velando” (Lucas 12:37).
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


