“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro
Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad …
vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” Juan
14:16-17
Dios es el
dador de dádivas maravillosas, asombrosas. Pero existe tal cosa como nosotros
no saber cómo recibirlas. Ese fue mi caso, cuando mi hija primogénita, Alicia,
vino al mundo. Yo todavía estaba intentando descubrir cómo ser un marido
decente para mi bella novia, Gloria, y de pronto me encontré frente a la tarea
de ser padre de una niña preciosa.
Apenas unos
años antes, un psicólogo designado por la corte me había dicho que yo nunca
sería una persona normal debido a mi terrible pasado. También me dijo: “Tienes
un lado oscuro ... y no sabes cómo amar o ser amado”. Esas palabras me
perseguían.
Desde el
momento en que trajimos a Alicia a casa del hospital, Gloria pudo decir que
algo estaba mal en mi respuesta hacia ella. Me inclinaba sobre la cuna de
nuestra hija y le frotaba el rostro con las manos, pero nunca la cargaba.
Cuando Alicia tenía aproximadamente cuatro semanas de edad, Gloria me preguntó
por qué no quería sostener a la bebé y yo le dije: “No sé cómo”. “Entonces
déjame mostrarte”, dijo.
Mientras
sostenía a mi hija y sentía una ternura y un amor abrumadores corriendo por mi
corazón, por primera vez en mi vida entendí lo que significaba ser padre. Y
también en ese momento finalmente entendí lo que significa recibir una dádiva
irrevocable e insustituible del Salvador.
Como creyente
en el Señor Jesucristo, Dios te ha dado una dádiva incomparable: el don del
Espíritu Santo. Dios le ha confiado a cada uno de sus seguidores una medida de
su poder, una pequeña parte de sí mismo. Es un regalo que ninguno de nosotros
merece, y uno que nunca podremos pagar, sin embargo, él lo da gratuita y
voluntariamente a todos los que confían en él. Esta dádiva no debe tomarse a la
ligera y él quiere que aprendas a recibirla en su totalidad.
NICKY CRUZ - (DEVOCIONAL DIARIO “DEVOCIONES”)


