“…
gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración… ”
Romanos 12:12 (Leer Romanos 12:9-21)
Diana escuchaba mientras otros pedían oración por
familiares y amigos que enfrentaban dificultades o enfermedad. Aunque tenía un
pariente que luchaba contra una adicción hacía años, mantuvo su petición en
silencio, ya que no podía soportar ver la reacción de los demás ni oír
preguntas y consejos que solían surgir cada vez que decía algo. Sentía que era
mejor mantener guardado este tipo de petición. Había quienes, simplemente, no
entendían cómo su ser querido podía ser creyente en Cristo y, aun así, tener esa
lucha diaria.
Aunque Diana no compartió su petición con ese grupo,
tenía unos amigos de confianza a quienes les pidió que oraran con ella. Juntos
le rogaron a Dios que liberara de esa verdadera esclavitud a su ser querido,
para que pudiera experimentar la libertad en Cristo, y que le diera a ella la
paz y la paciencia que necesitaba. Mientras
oraba, encontró consuelo y fortaleza en la comunión con el Señor.
Muchos elevamos oraciones serias y constantes que parecen
no tener respuesta. Pero podemos estar seguros de que Dios ciertamente oye
todos nuestros pedidos y que sí le interesa lo que nos sucede. Nos insta a
seguir caminando cerca de Él, «gozosos en la esperanza; sufridos en la
tribulación; constantes en la oración» (Romanos 12:12).
Señor, ayúdame a ser constante en la oración.
«Acerquémonos [a Dios] con corazón sincero, en plena
certidumbre de fe». Hebreos 10:22
(La Biblia en
un año: Ezequiel 40–41 — 2ª Pedro 3)


