Muchos
cristianos sólo tienen una vaga noción de quién es el Espíritu Santo. Puede que
hayan oído hablar de él, pero luchan por entender su papel. Aunque muchos
creyentes lo pasan por alto o tal vez lo descuidan, es tan divino como el Padre
y el Hijo (Hechos 5:3-4). Considera estos hechos:
* Él posee una personalidad divina y
elige personalmente gente para tareas del ministerio. (Hechos 13:2).
* Él se comunica con nosotros
(Apocalipsis 2:7) y escudriña las cosas profundas de Dios para darlas a conocer
a los creyentes (1ª Corintios 2:9-12).
* Él es el que hace de Cristo una
realidad viviente para el creyente (Efesios 3:16-17) y, de hecho, es llamado el
Espíritu de Cristo (Romanos 8:9).
* Él está al mismo nivel que el Padre y
el Hijo como parte del misterio del Dios trino.
Es importante
comprender estos hechos bíblicos sobre el Espíritu Santo dentro de la historia
bíblica de quién es Dios y cómo se relaciona con su pueblo.
El plan de Dios
en la redención era que deberíamos vivir una vida llena del Espíritu Santo: “No
os embriaguéis con vino, en lo cual en hay disolución; antes bien sed llenos
del Espíritu” (Efesios 5:18). Cuando consideras que el Espíritu Santo es una
persona, la tercera persona de la Deidad, ¿qué significa ser llenos de una
persona? Él no es un gas o un líquido, es tanto una persona como el Padre y el
Hijo. Así que, una mejor descripción de “ser llenos” es decir que el Espíritu
nos controla.
¿Te gustaría
amar con mayor profundidad y mayor libertad? ¿Deseas tener más autodisciplina?
¿Están tu vida y tu ministerio produciendo frutos? Para que estas cosas
sucedan, debes entregarte al Ayudador. El Espíritu Santo es el único que puede
producir autodisciplina, amor y osadía en ti: “Porque Dios es el que en
vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”
(Filipenses 2:13).
JIM CYMBALA - (DEVOCIONAL DIARIO “ORACIONES”)


