“Porque
hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos
sobrevino en Asia, pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras
fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero
tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en
nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y
nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte; cooperando también
vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean
dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de
muchos.” 2ª Corintios 1:8-11
Por lo general, pensamos que “una oportunidad”
es “una ocasión para prosperar en la vida”. En cualquier aspecto de nuestras
vidas que se trate nos encanta la idea de que se nos “abra una puerta” o que se
presente ante nosotros “la oportunidad de la vida”. ¿Cierto? Pero, ¿hemos
pensado alguna vez en “la oportunidad” desde la perspectiva de Dios?
El pastor Browning Ware escribió lo
siguiente: “Nuestras peores circunstancias pueden ser la mejor oportunidad de
Dios para dar un nuevo significado a nuestras vidas.” Este principio se
manifestó en la vida del apóstol Pablo. En el pasaje de hoy, Pablo les habla a
los Corintios de una ocasión en la que él y sus compañeros se encontraban bajo
fuertes presiones, mucho más allá de sus fuerzas. Hasta pensaron que iban a
morir. Pero Pablo declara que durante esos momentos de angustia aprendieron a
confiar, no en ellos mismos, “sino en Dios que resucita a los muertos.” Si Dios
es tan poderoso y nos ama tanto, ¿acaso no debemos confiar en él por difíciles
que sean las circunstancias?
Una de las historias más impactantes de la
Biblia es la que nos habla de la vida de Job. Job era un buen hombre, amaba a
Dios y era obediente. La Biblia lo describe como un “hombre perfecto y recto,
temeroso de Dios y apartado del mal.” (Job 1:1). Sin embargo, en un período de
varias semanas Job perdió todas sus propiedades, su familia y hasta su salud
habiendo sido afectado “con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la
coronilla de la cabeza.” (Job 2:7). Y como si todo esto fuera poco, hasta su
propia esposa llegó a decirle: “Maldice a Dios, y muérete.” (Job 2:9). La situación de Job era realmente
desesperante, pero fue una magnífica oportunidad para que Dios le mostrara su
poder y él llegara a conocer al Señor profundamente, al punto que declaró:
“De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.” (Job 42:5). Al final Dios
"aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job, y bendijo el
postrer estado de Job más que el primero." (Job 42:10-12).
El joven José fue vendido por sus hermanos
como esclavo porque le tenían envidia (Génesis 37-50). Fue llevado a Egipto
donde un oficial del ejército de Faraón lo compró. La esposa del oficial se
enamoró de José e intentó seducirlo. Él se negó a acceder a sus deseos y ella,
por despecho, lo acusó de que había intentado violarla. Entonces José fue
echado a la cárcel donde pasó dos años. ¿Quién podría considerar todo esto como
una “buena oportunidad” para José? Absolutamente nadie. Pero para Dios fue una
oportunidad de hacer algo extraordinario en la vida de aquel joven. José se mantuvo
firme en su fe y al final llegó a ser el segundo en orden de autoridad en todo
Egipto. Solamente Faraón era mayor que él. Y así pudo alimentar a toda su
familia y a su pueblo que moría de hambre. Después José pudo decir a sus
hermanos: “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para
hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.” (Génesis 50:20).
Cuando estás en medio de difíciles
circunstancias, ¿piensas que puede ser una oportunidad de que Dios se
manifieste y te colme de bendiciones? Bien sea una época de dolor o
sufrimiento; o momentos de ansiedad e incertidumbre; o tal vez has estado
luchando por algún tiempo y has llegado al final de tus fuerzas y tus
esperanzas se han desvanecido. Tu peor circunstancia podría ser la mejor
oportunidad para Dios. Confía en él. Él le dará un nuevo significado a tu vida,
como hizo con Pablo, Job, José y tantos otros de los que nos habla la Biblia.
ORACIÓN. Padre
santo, gracias porque por muy difíciles que sean las circunstancias, sé que
puedo confiar en ti. Por favor ayúdame a mantenerme firme esperando que tú uses
la oportunidad para bendecirme grandemente. En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE SANZ - (DEVOCIONAL DIARIO “DIOS TE HABLA”)


