miércoles, 14 de noviembre de 2018

Manantiales 14 noviembre





“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.” Juan 12:24


Ve al cementerio antiguo de Northampton, Massachusetts en los Estados Unidos, y mira en la tumba del joven David Brainerd que se encuentra junto a la de la bella Jerusha Edwards, a quien él amó y con quien no se pudo casar a causa de su muerte. Cuantas esperanzas y expectativas para la causa de Cristo fueron a la sepultura con la pérdida del cuerpo de aquel joven misionero, de quien ahora no queda otra cosa sino su querido recuerdo y unos centenares de indios convertidos. Pero aquel majestuoso anciano y santo puritano, Jonathan Edwards, que esperaba poderlo llamar hijo, escribió en un libro pequeño los recuerdos de su vida, y dicho librito, tomó vuelos, atravesó los mares y fue a parar a la mesa de un estudiante de Cambridge, Inglaterra, llamado Enrique Martyn.

¡Pobre Martyn! ¡Porqué tenía él que desecharse con toda su erudición, su genio y sus oportunidades! ¿Qué es lo que él efectuó cuando volvió gravemente enfermo de India a su casa, y marchó sin poder a aquel lugar lejano y funesto de Tocat, junto al Mar Negro donde se agachaba bajo las redes amontonadas para refrescar su fiebre abrasadora contra la tierra, y donde murió aislado?

¿Con qué objeto se perdieron estos hombres? De la sepultura del joven Brainerd, y de la sepultura lejana y solitaria de Martyn, que se encuentra junto a la playa de Euxine, se ha levantado el ejército sublime de los misioneros modernos. LEONARD WOOLSEY BACON.



L. B. COWMAN - (DEV. MANANTIALES EN EL DESIERTO)









TRADUCCIÓN