“Me
invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le
glorificaré.” Salmo 91:15 (Leer Salmo 91:1-6)
Cuando los padres de Susi se divorciaron, ella era menor,
y la lucha legal por su custodia hizo que tuviera que estar un tiempo en un
hogar para niños. Acosada por niños más grandes, se sentía sola y abandonada.
Su madre la visitaba solo una vez al mes, y casi no veía a su padre. Sin
embargo, años después, su madre le confesó que como las reglas del hogar
impedían que la visitara más seguido, se paraba del otro lado de la cerca todos
los días, con la esperanza de verla. «A veces —dijo—, te miraba mientras
jugabas en el patio, solo para saber que estuvieras bien».
Esta historia me dio un atisbo del amor de Dios. A veces,
podemos sentirnos solos y abandonados en nuestras pruebas, pero ¡qué consolador
es saber que Dios nos observa todo el tiempo! (Salmo 33:18). Aunque no podamos
verlo, Él está. Como un padre amoroso,
sus ojos y su corazón están siempre concentrados en nosotros. Pero, a
diferencia de la madre de Susi, Él puede actuar a nuestro favor en cualquier
momento.
El Salmo 91 describe a Dios liberando, protegiendo y
sosteniendo a sus hijos. Él es más que un refugio. Mientras viajamos por los
oscuros valles de la vida, nos tranquiliza saber que el Señor todopoderoso nos
ve y está obrando. Él declara: «[Contigo] estaré yo en la angustia» (v. 15).
Señor, gracias por estar siempre presente.
Nuestro Padre celestial está siempre cerca.
(La Biblia en
un año: Ezequiel 20–21 — Santiago 5)


