“Enójense, pero no pequen; no se ponga el sol sobre
su enojo” Efesios 4:26 (Leer Colosenses 3:5-9)
Al limpiar las
repisas de cristal donde se ubican algunos libros, me pregunté, ¿cómo puede ser
posible que haya tanto polvo tan rápido, si limpié ese mismo lugar tan sólo
hace una semana? Rápidamente mi esposa me dijo: “limpiar es un estilo de vida,
no es tan sólo un acontecimiento”.
Por supuesto,
sé que ella tiene toda la razón; sin embargo, cómo me cuesta admitirlo, yo
quisiera limpiar y que quedara limpio por muchas semanas. Pero hay una verdad: el polvo y la suciedad
no se rinden tan fácilmente, partícula por partícula el polvo vuelve a ocupar
los espacios que hace poco tiempo estaban limpios.
El pecado es
como ese polvo que ensucia nuestras casas. Quisié-ramos eliminarlo por completo por medio de nuestro
arrepen-timiento. Pero el pecado no se
rinde tan fácilmente. Pensamiento por
pensamiento, decisión tras decisión, los malos deseos y actitudes erróneas
vuelven.
En nuestra
lectura devocional el apóstol Pablo les dijo a sus lectores en la ciudad de
Colosas, que debían deshacerse de: “…ira, enojo, malicia, blasfemia y palabras
groseras de su boca” (Colosenses 3:8). Adicionalmente, dijo a los creyentes de la ciudad de Éfeso lo siguiente:
“Enójense, pero no pequen; no se ponga el sol sobre su enojo.” (Efesios 4:26).
Gracias a la
muerte y resurrección de Jesús, ya no hay necesidad de los sacrificios de la
ley. Pero la necesidad de reconocer
nuestros errores y arrepentirnos de ellos continúa con nosotros; tal como nos
lo recomendó el apóstol Pablo, estar consciente de las malas costumbres que
afectan nuestra vida como creyentes, no hará que desaparezcan de repente, estos
malos hábitos deben sustituirse por otros: “…todo lo que es verdadero, todo lo
honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen
nombre, si hay virtud alguna, si hay algo que merece alabanza, en esto piensen”
(Filipenses 4:8)
1. ¿Hay suciedad en tu vida? Deja que el
Espíritu Santo te ayude a limpiarla, cambiar tus malos hábitos y sustituirlos
por nuevos; “limpiar es un estilo de vida, no es tan sólo un acontecimiento” (1ª Tesalonicenses 4:3-7).
2. La oración diaria, la lectura de la
Palabra de Dios, y compartir con otros lo que has aprendido, harán que tu vida
como creyente crezca diariamente.
HG/MD -
(DEVOCIONAL DIARIO “MI DEVOCIONAL”)


