“… No temas,
porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.” Isaías 43:1 (Leer Salmo
23:1-6)
Cuando fui a visitar el Monumento Nacional 11 de
Septiembre, en la ciudad de Nueva York, fotografié de inmediato uno de los
estanques reflectantes. Alrededor de estos dos estanques, los nombres de casi
3.000 personas que murieron en el ataque al World Trade Center están grabados en
placas de bronce. Tiempo después, mientras miraba con más detalle la foto, mis
ojos se detuvieron en la mano de una mujer apoyada sobre un nombre. Muchos van
a ese lugar para tocar un nombre y recordar a alguien a quien amaban.
El profeta Isaías le recordó al pueblo de Israel sobre el
amor inalterable de Dios y por cada uno de ellos, aunque se habían alejado de
Él con frecuencia. El Señor afirmó: «No temas, porque yo te redimí; te puse
nombre, mío eres tú.» (Isaías 43:1).
En el Salmo 23, David escribió: «Aunque ande en valle de
sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo […].
Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y
en la casa del Señor moraré por largos días» (vv. 4, 6).
Dios nunca nos olvida. No importa dónde estemos ni cuál
sea nuestra situación, Él sabe nuestro nombre y nos sostiene abrazados con
fuerza en su amor inalterable.
Padre, gracias por llamarme por mi nombre y rodearme con
tu amor, hoy y siempre.
Dios sabe nuestro nombre y nos abraza fuerte en su amor.
(La Biblia en
un año: Proverbios 10–12 — 2ª Corintios 4)
DAVID C.
MCCASLAND - (DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO")


