“Cuando estaba en angustia, tú me hiciste
ensanchar” Salmo 4:1
Este es el
testimonio más grandioso que el hombre ha dado acerca de la intervención de
Dios en nuestros asuntos. No es la acción de gracias de un hombre que ha sido
libertado del sufrimiento. Es la acción de gracias por haber sido libertado por
medio del sufrimiento: "Tú me has ensanchado cuando estaba
angustiado." El declara que las aflicciones de la vida, han sido ellas mismas
la fuente del ensanchamiento de la vida.
¿Y no hemos sentido
más de mil veces tú y yo que esto es verdad? Está escrito acerca de José, que
estando en el calabozo "el hierro entró en su alma." Todos
reconocemos que lo que José necesitaba para su alma era el hierro. El había
visto solamente el relucir del oro. El había estado regocijándose en sueños
juveniles; y el ensueño endurece el corazón. El que derrama lágrimas sobre un
romance, no es la persona más apta para ayudar en la realidad; la verdadera
aflicción no tendría nada de poesía para él. Para ensanchar nuestra naturaleza
necesitarnos el hierro. El oro no es otra cosa sino una visión; el hierro es
una experiencia. La cadena que me une a la humanidad, debe ser una cadena de
hierro. Aquella parte de la naturaleza
que emparenta al mundo, no es gozo, sino aflicción. El oro es parcial, pero
el hierro es universal.
Alma mía, si
quieres extenderte y estar en contacto con la humanidad, entonces tienes que
estrecharte en los límites de los sufrimientos humanos. El calabozo de José fue
el camino que le condujo al trono. Si no has sido traspasado por el hierro,
entonces no puedes levantar la carga de hierro de tu hermano. Tu limitación es lo
que hará que progreses. Las sombras que cubren tu vida son el verdadero
cumplimiento de tus sueños dorados. No murmures contra las sombras, son
revelaciones mucho mejores que tus sueños. No digas que las sombras de la prisión
te han encadenado. Tus cadenas son alas, alas que te llevan al fondo de la
humanidad: La puerta de la casa de tu prisión, es una puerta de entrada en el
corazón del universo. Dios te ha ensanchado, atándote con la cadena de la
aflicción. –GEORGE MATHESON.
Si José no
hubiese sido el prisionero de Egipto, jamás hubiese sido el gobernador de
Egipto. La cadena de hierro de sus pies, fue la que colocó la cadena de oro
sobre su cuello. –SELECCIONADO.
L. B. COWMAN - (DEV. "MANANTIALES EN EL DESIERTO")
L. B. COWMAN - (DEV. "MANANTIALES EN EL DESIERTO")


