"Espera al Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón.
Sí, espera al Señor." Salmo 27:14
Una vez hemos tomado la decisión de poner
algo en las manos del Señor debemos ser muy cuidadosos pues el enemigo puede
atacarnos, especialmente en estas áreas:
La primera es la tentación de retroceder y de
nuevo tratar de llevar a cabo nuestros propios planes. Esto nos llevaría en una
dirección que está fuera de la voluntad de Dios para nuestras vidas y por lo
tanto nos alejaría de las bendiciones que él ha preparado para nosotros al
final del camino.
También hay ocasiones en las que podemos cometer el error
de ser impacientes. La impaciencia
puede hacer que nos adelantemos al perfecto tiempo del Señor y de esta manera
interferir en sus planes. Dios pudo haber destruido las murallas de Jericó en
un instante si hubiese querido, pero decidió hacerlo en siete días después que
el pueblo de Israel siguió sus instrucciones. Al séptimo día las murallas
cayeron y Dios les entregó la ciudad de Jericó tal y como él lo había planeado
(Josué capítulo 6). ¿Qué hubiera sucedido si Josué se impacienta y decide
llevar a cabo el quinto día las instrucciones del séptimo día? Realmente no
sabemos qué hubiera sucedido, sin embargo sí podemos saber lo que no hubiera
sucedido: Con toda seguridad los planes de Dios no se hubieran llevado a cabo.
La inseguridad o el temor también pueden hacernos fallar y echar por el suelo los preciosos planes de Dios para
nuestras vidas. Por eso debemos rechazar estos sentimientos en el nombre de
Jesús. Cuando, después de atravesar el desierto, los israelitas llegaron frente
a la Tierra Prometida, Moisés, por orden de Dios, envió doce hombres a
reconocer la tierra. A su regreso diez de los doce espías dieron un informe
totalmente negativo. Su temor y la inseguridad que sentían les hicieron verse a
sí mismos como langostas delante de los habitantes de aquella tierra. De esta
manera se expresaron frente al pueblo de Israel transmitiendo a ellos el miedo
que sentían de seguir adelante. Este fue el primer paso hacia la desgracia que
cayó después sobre este pueblo.
Otra área sensible es la presión de otras personas. La gente tiende a tratar de imponer sus opiniones sobre
nosotros y a veces nos resulta difícil resistir. “Esto es lo que debes hacer”,
suelen decir. O quizás: “Tengo la absoluta seguridad de que esta es la decisión
correcta.” Sin embargo por mucha lógica que parezca tener estos consejos, es la
opinión de Dios la que debe prevalecer siempre. ¿Significa esto que no debemos
escuchar los consejos de personas maduras espiritualmente? No, pero no debemos
marchar adelante movidos por esos consejos hasta que tengamos confirmación del
Señor. Los israelitas hicieron caso a aquellos hombres en lugar de mantenerse
firmes en continuar adelante con el plan que Dios les había indicado por medio
de Moisés. Resultado: Ninguno de ellos pudo disfrutar de las bendiciones que el
Señor tenía preparadas en la Tierra Prometida. Tiempo después, por medio del
profeta Isaías, Dios le dijo a este pueblo rebelde: “¡Oh, si hubieras atendido
a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas
del mar.” (Isaías 48:18).
El rey David pasó por difíciles experiencias
en su vida. En muchos de sus salmos mostró su impaciencia con Dios clamando que
lo librara de sus enemigos y exigiendo que los destruyera inmediatamente. Con
el paso de los años David aprendió a reconocer el tiempo del Señor y a esperar
en él, y siendo un anciano escribió este valioso consejo que puede sernos de
gran utilidad: "Espera en Jehová, y guarda su camino, y él te exaltará
para heredar la tierra." (Salmo 37:34).
Si deseas disfrutar plenamente de las
preciosas bendiciones que Dios tiene preparadas para ti no te impacientes,
continúa esperando en él y buscando cada día su dirección y el camino que debes
seguir. Sigue el consejo de David en el Salmo 25:4-5: “Muéstrame, oh Jehová,
tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque
tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día.” Persiste en la
oración y la lectura de la Palabra, sé paciente y el Señor te mostrará su
camino.
ORACIÓN. Mi
amante Dios, te ruego me reveles con claridad tus planes para mi vida y me
muestres el camino que tú deseas que yo siga. Y dame la fuerza y el valor para
obedecerte siempre y esperar en ti confiadamente. El nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE SANZ -
(DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")


