El profeta
Isaías dijo de Israel: “¡Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para tomar
consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu,
añadiendo pecado a pecado!” (Isaías 30:1). La palabra hebrea “Ay”
aquí, significa un profundo pesar y aflicción por lo que Dios describe como una
rebelión, es decir, un retroceso, una testarudez, un alejamiento.
En pocas
palabras, Dios dijo: “Mi pueblo ya no me consulta. No me busca para pedir
dirección ni consejo. En lugar de ello, se apoya en brazo de carne y cada vez
que actúa sin buscarme, recurre al mundo en busca de ayuda. Ellos acumulan
pecado sobre el pecado. Han abandonado su confianza en el fuerte brazo del Señor”.
Hoy, pensamos
que la rebelión es rehusarse a obedecer la Palabra de Dios y recurrir a las
drogas, el alcohol, la inmoralidad sexual y otros pecados graves. Pero la
rebelión a la que Dios se refiere aquí es mucho más dolorosa que estas cosas.
El propio pueblo del Señor estaba diciendo: “No molestemos a Dios con esto;
tenemos la sabiduría y lo haremos por nuestra cuenta”.
El pueblo de Dios sabía muy bien que debía confiar
en el Señor en toda situación, sin importar cuán insignificante fuera. Los Salmos
constantemente les recordaban esto: “En ti ha confiado mi alma, y en la sombra
de tus alas me ampararé” (Salmos 57:1). “Porque has sido mi socorro, y así en
la sombra de tus alas me regocijaré” (Salmos 63:7).
El Señor se
entristece cuando das pasos para hacer que tus planes funcionen sin esperar a
que él actúe. Realmente deseas orar acerca de todo y dejar que Dios tenga el
control, pero con demasiada frecuencia, cuando surge una crisis y las cosas
parecieran progresar lentamente, acabas por tomar el asunto en tus propias
manos. Quizás te impacientes con el horario del Señor, pero es vital recordar
que tu propio razonamiento no hará que el mejor plan de Dios se lleve a cabo. Y
la Palabra te promete un lugar de refugio y de regocijo cuando confías en él.
DAVID WILKERSON - (DEVOCIONAL DIARIO “ORACIONES”)


