“También les
refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,
diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a
hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él,
diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero
después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a
hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea
que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará
justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en
responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo
del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” Lucas 18:1-8
La madre de Hudson Taylor había estado orando
por mucho tiempo por la salvación de su único hijo. Aquella noche esta mujer
sintió como nunca antes un intenso anhelo por la conversión de Hudson. Se
levantó de la mesa, se fue a su habitación, cerró la puerta y se arrodilló a
suplicar a Dios a favor de su hijo con la firme intención de no levantarse
hasta que hubiese sido concedida su petición. Hora tras hora aquella madre
estuvo clamando al Señor aferrada a la promesa de Hechos 16:31: “Cree en el
Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” De momento una paz y un gozo
inexplicable comenzaron a inundarla. Entonces se puso de pie con la plena
seguridad de que su oración había sido contestada. Al día siguiente recibió una
llamada de su hijo dándole la noticia que ya ella sabía: ¡Él había aceptado a
Jesucristo como su Salvador! Años más tarde Hudson Taylor fundó la Misión del
Interior de China por medio de la cual miles y miles de chinos conocieron al
Señor.
En el pasaje de hoy, Jesús refirió “una
parábola sobre de la necesidad de orar siempre, y no desmayar.” Conocedor de la
naturaleza humana y de nuestra tendencia a abandonar los esfuerzos cuando no
vemos pronto los resultados que esperamos, el Señor nos exhorta a ser
persistentes en la oración. Cuando ya no deseamos orar más, cuando la decepción
y el desaliento se están apoderando de nosotros es cuando más tenemos que orar.
Jesús nos dice que no desmayemos, sino que continuemos insistiendo pues la
respuesta de los cielos no habrá de tardar. Debemos perseverar en la oración
con la expectativa de que veremos los resultados, poniendo toda nuestra
confianza en "Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más
abundantemente de lo que pedimos o entendemos", según afirma Efesios 3:20.
La madre de Hudson Taylor actuó exactamente
como la viuda de la parábola. Ella persistió en su petición a Dios por la
salvación de su hijo; no desmayó sino que se mantuvo firme hasta que su oración
fue contestada con creces. Si hubiera desistido de su empeño antes de lograr su
objetivo quizás nunca su hijo hubiese sido salvo ni tampoco los miles de chinos
que, por medio de él, llegaron a conocer a Jesucristo.
El multimillonario hombre de negocios
norteamericano, y candidato presidencial en las elecciones de 1992 en los
Estados Unidos, Ros Perot dijo: “La mayoría de las personas se dan por vencidas
justo cuando están a punto de obtener la victoria. Utilizando un término de
fútbol, diríamos: Se retiran en la “yarda una”. Se rinden en el último minuto
del juego, a un pie de anotar el punto de la victoria.” Esto puede aplicarse a
nuestras vidas espirituales. ¡Cuántas veces nos hemos desanimado y hemos dejado
de orar, y entonces hemos decidido actuar por nuestra propia cuenta en lugar de
esperar el tiempo del Señor! Quizás si hubiésemos persistido, en poco tiempo
hubiéramos obtenido lo que deseábamos y aun más.
Aprendamos a no darnos nunca por vencidos
confiando plenamente que Dios está al tanto de nuestras necesidades y de
nuestras súplicas. Seamos persistentes como la viuda de la parábola y la madre
de Hudson Taylor, y oremos sin cesar hasta que nuestro Padre celestial nos
conteste… en su tiempo.
ORACIÓN. Mi
bendito Dios, te adoro y te doy gracias por la seguridad que nos da tu palabra
de que tú contestarás nuestras peticiones si persistimos en la oración. Por
favor, aumenta mi fe y ayúdame a perseverar y no desmayar confiando en que tu
respuesta no ha de tardar. En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE SANZ -
(DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")


