“Entonces
Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le
bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y
de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu
mano.” Génesis 14:18-20
Abram acababa de regresar de una batalla contra ejércitos
enemigos, a los cuales había derrotado. Entonces el sacerdote Melquisedec le
bendijo diciendo: "Bendito sea Abram del Dios Altísimo." A través de
las Sagradas Escrituras vemos que Dios siempre se ha revelado a su pueblo en
diferentes circunstancias y con diferentes nombres. Los nombres de Dios revelan
quièn es él y lo que él puede hacer en determinadas situaciones en favor de
aquellos que le aman. Por ejemplo, en Génesis 22, cuando Abraham necesitaba un
cordero para sacrificarlo en lugar de su hijo Isaac, él menciona a Jehová JIREH
(Dios proveerá); en Éxodo 15:26 Dios se dirige al pueblo de Israel y les dice
que si son obedientes, "ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios
te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador." ("Jehová
RAFA" en hebreo).
En el pasaje de hoy Abram estaba conociendo a Jehová como
“el Dios Altísimo” (en hebreo ELYON, "el más alto") en una
circunstancia especial de su vida. Con el fin de que la fe de Abram creciera,
Dios quería enseñarle algo que nosotros también necesitamos aprender para vivir
en victoria cada día de nuestras vidas. Básicamente, esta revelación de Dios
como "el Altísimo" significa en primer lugar que Dios está por encima
de todos los demás falsos dioses. De igual manera él está por sobre todos
nuestros problemas y dificultades y tiene todo el poder y la sabiduría para
ayudarnos a resolverlos. Aunque las circunstancias adversas nos muestren lo
contrario, Dios es más poderoso que ellas. Él puede cambiarlas en un instante
de manera que nos favorezcan a nosotros. Aunque el diagnóstico del médico sea
pesimista, nuestro Dios está sobre toda palabra humana y puede enviar su
sanidad. Si una relación no anda bien, Dios tiene el poder de obrar en
corazones llenos de resentimiento y transformarlos, y llenarlos de su paz, y
restaurar esa relación. Aunque la situación económica sea sumamente mala, él
puede resolverla pues él es el dueño del oro y la plata y de todas las riquezas
del mundo (Hageo 2:8). Él es el Rey y Señor del Universo y está por sobre todas
las cosas. No existe nada en este mundo que esté por encima del Dios Altísimo.
La seguridad absoluta en este concepto diferencia a los que viven por encima de
las dificultades de la vida de aquellos que sucumben bajo la presión de los
problemas.
Cuando el rey David era un jovencito, su padre le asignó
la tarea de cuidar sus ovejas. Día tras día, noche tras noche él cumplió sus
responsabilidades con mucha dedicación. Muchas veces tuvo que luchar contras
fieras salvajes que atacaban el redil, y en cada una de esas ocasiones su fe en
el Dios todopoderoso le libró de la muerte. Por eso, justo antes de enfrentarse
al gigante Goliat, David pudo decirle al rey Saúl: “Tu siervo era pastor de las
ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de
la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se
levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba.
Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será
como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió
David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del
oso, él también me librará de la mano de este filisteo.” (1 Samuel 17:34-37).
Poco después de esta declaración de fe aquel enorme gigante yacía muerto a los
pies del joven pastor de ovejas. No por sus fuerzas, sino por la fuerza y el
poder del Dios Altísimo.
Debes comenzar cada día con este pensamiento de fe: ¡Mi
Dios está por encima de todos mis problemas y dificultades, y él tiene el poder
para convertirlas en bendiciones para mi vida! Si ponemos nuestra confianza en
el Dios Altísimo, su manto de protección nos cubrirá. De esta manera lo declara
la Biblia en el Salmo 91:1: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo
la sombra del Omnipotente.”
ORACIÓN: Gracias Dios mío porque ahora sé que cuando confío en ti
puedo enfrentarme a todas las dificultades que se presenten con la absoluta
seguridad de que tú estás por encima de todas ellas. ¡Te alabo porque tú eres mi
Dios Altísimo! En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE SANZ - (DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")


