(Leer Génesis 47; Lucas 1:1–38; Job 13;
1ª Corintios 1)
La respuesta de
Job a Zofar ocupa tres capítulos (Job 12–14), el primero de los cuales formaba
parte de la lectura de ayer. En él, Job acusa a Zofar y a sus amigos, con un
lenguaje mordaz, de hablar de tópicos tradicionales y creer que sus palabras
son profundas: “¡No hay duda de que vosotros sois el pueblo! ¡Muertos vosotros,
morirá la sabiduría!” (12:2). Job añade: “Pero yo soy tan listo como
vosotros; en nada siento que me aventajéis. ¿Quién no sabe todas estas cosas?” (12:3).
Se está refiriendo a la soberanía, la grandeza, el poder y la sabiduría
inconmensurables. Así pues, Job invierte la mayor parte del capítulo 12 repasando
esta visión de la grandeza de Dios y profundizando en ella.
Sin embargo,
aquí, en el capítulo 13, Job lleva su reflexión un paso más lejos. La base
común que comparte con estos tres amigos es bastante simple: “Todo esto lo han
visto mis ojos; lo han escuchado y entendido mis oídos. Yo tengo tanto
conocimiento como vosotros; en nada siento que me aventajéis” (13:1–2). La
pregunta es qué hacer con la soberanía trascendente del Señor. Sus amigos
utilizan esta base para argumentar que un Dios así puede descubrir el mal y
castigarlo; el mismo Job lleva este argumento en otra dirección.
En primer
lugar, lejos de encogerse de miedo al reflexionar sobre la identidad de Dios,
Job quiere hablar con el Todopoderoso, debatir su caso con él (13:3). Su
conciencia está realmente limpia y él quiere demostrarlo. Está convencido de
que, si se le concediese audiencia, el Señor al menos sería justo.
En segundo
lugar, como contraste, los amigos miserables simplemente le calumnian con
mentiras (13:4). Job les dice: “¡Cómo médicos no valéis nada!” (13:4). No hacen
lo más mínimo para ayudarle en su dolor.
En tercer
lugar, y peor aún, Job afirma que ellos mienten “en nombre de Dios”, que hablan
de él “con engaños” (13:7). No pueden encontrar evidencias concretas de pecado
en la vida de Job, pero, aun así, creen que están hablando por Dios cuando
insisten en que debe ser realmente malo. De ahí que, en su “defensa” de Dios,
digan falsedades y cosas injustas acerca de Job: mienten “en nombre de Dios”.
¿Cómo pueden agradar al Señor sus afirmaciones? Los fines no justifican los
medios. Siempre es importante decir la verdad y no falsear los hechos para que
encajen en nuestras predisposiciones teológicas. Es mucho mejor admitir la
ignorancia o plantear un misterio que mentir.
En cuarto
lugar, el propio Job, por mucho que desee dialogar con Dios, sigue sin hablar
como un agnóstico. Ciertamente, Job quiere pasar un día en el tribunal divino.
No obstante, Dios sigue siendo Dios para él, y así lo confiesa: “¡Que me mate!
¡Ya no tengo esperanza!” (13:15). Incluso la traducción alternativa (“aunque él
me mate, seguiré esperando en él”, nota en NVI) reconoce que Dios es Dios: la
diferencia está en la respuesta de Job.
DONALD CARSON A. - (DEVOCIONAL "POR AMOR A
DIOS II")


