SED FIELES A VUESTRO LLAMAMIENTO DIVINO
(ÚLTIMA
PARTE)
1. Finalmente, sepamos que el Señor nos
ordena que seamos fieles a nuestro llamamiento en todas las acciones de nuestra
vida. Él sabe que la mente humana arde con inquietud, y que su ambición de
abrazar los bienes de este mundo es insaciable. Por lo tanto, y para prevenir
esta confusión producida por nuestra propia locura, ha señalado a cada uno sus
deberes particulares en las diferentes esferas de la vida. Y para que nadie
pueda ir más allá de los límites establecidos, ha llamado a tales esferas de la
vida vocaciones o llamamientos. Él Señor nos ha asignado un lugar a cada uno,
de manera que no tengamos incertidumbre durante los días de nuestra vida. Esta
distinción es tan necesaria, que a Sus ojos todas nuestras acciones son medidas
por ella, y a menudo esta medida difiere bastante del juicio o la filosofía
humana.
2. Aun entre los filósofos, no hay
heroísmo más grande que liberar al propio país de la tiranía. Sin embargo, la
voz del Juez celestial condena abiertamente al hombre que mate a un tirano. No
está en nuestro plan enumerar ejemplos, pero contentémonos con saber que
nuestro llamamiento divino es el principio y la base de un comportamiento justo
para cada caso. Aquel que sobrestime su llamamiento nunca mantendrá el sendero
correcto en los deberes de su trabajo. Tal vez algunas veces pueda tener éxito
en hacer alguna cosa que aparente ser digna de alabanza. Pero, aunque pueda
parecer bueno a ojos de los hombres, no será aceptable ante el Trono de Dios,
ni habrá consistencia en las demás partes de su vida.
3. Por lo tanto, regulemos mejor nuestra
vida manteniendo presente nuestro llamamiento por parte del Señor. Nadie debe
ser tentado por su propia jactancia a llevar acabo nada que no sea compatible
con su llamamiento, porque ha de saber que es incorrecto traspasar los límites
puestos por Dios. Alguien que no esté situado en las primeras filas del deber,
no podrá estar satisfecho con cumplir con su tarea particular, y no debe renunciar
al lugar donde el Señor le ha puesto. Cuando un hombre sabe que Dios es su Guía
en todos los planos de su vida, aun en medio de sus trabajos, dificultades y
otras cargas siente un consuelo incomparable. El magistrado llevará todas las
tareas de su oficina con mayor entusiasmo. El padre de familia cumplirá con sus
deberes con más paciencia, y valor y ahínco. Cada persona, en su respectiva
esfera de vida, manifestará más paciencia, y se sobrepondrá mejor a las
dificultades, cuidados, miserias y ansiedades de su camino, cuando esté
convencida de que el Señor ha puesto sobre sus hombros la tarea que le toca. Si
seguimos fielmente nuestro llamamiento divino, recibiremos el consuelo de saber
que no hay trabajo tan insignificante o sórdido que no sea verdaderamente
respetable e importante ante los ojos de Dios. ¡Coram Deo! (Ver Gén. 1:28; Col.
1:1 y ss.)
JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA
VERD.")


