jueves, 15 de febrero de 2018

Libro de Oro 14 febrero






SED FIELES A VUESTRO LLAMAMIENTO DIVINO 
(ÚLTIMA PARTE)


1. Finalmente, sepamos que el Señor nos ordena que seamos fieles a nuestro llamamiento en todas las acciones de nuestra vida. Él sabe que la mente humana arde con inquietud, y que su ambición de abrazar los bienes de este mundo es insaciable. Por lo tanto, y para prevenir esta confusión producida por nuestra propia locura, ha señalado a cada uno sus deberes particulares en las diferentes esferas de la vida. Y para que nadie pueda ir más allá de los límites establecidos, ha llamado a tales esferas de la vida vocaciones o llamamientos. Él Señor nos ha asignado un lugar a cada uno, de manera que no tengamos incertidumbre durante los días de nuestra vida. Esta distinción es tan necesaria, que a Sus ojos todas nuestras acciones son medidas por ella, y a menudo esta medida difiere bastante del juicio o la filosofía humana.


2. Aun entre los filósofos, no hay heroísmo más grande que liberar al propio país de la tiranía. Sin embargo, la voz del Juez celestial condena abiertamente al hombre que mate a un tirano. No está en nuestro plan enumerar ejemplos, pero contentémonos con saber que nuestro llamamiento divino es el principio y la base de un comportamiento justo para cada caso. Aquel que sobrestime su llamamiento nunca mantendrá el sendero correcto en los deberes de su trabajo. Tal vez algunas veces pueda tener éxito en hacer alguna cosa que aparente ser digna de alabanza. Pero, aunque pueda parecer bueno a ojos de los hombres, no será aceptable ante el Trono de Dios, ni habrá consistencia en las demás partes de su vida.


3. Por lo tanto, regulemos mejor nuestra vida manteniendo presente nuestro llamamiento por parte del Señor. Nadie debe ser tentado por su propia jactancia a llevar acabo nada que no sea compatible con su llamamiento, porque ha de saber que es incorrecto traspasar los límites puestos por Dios. Alguien que no esté situado en las primeras filas del deber, no podrá estar satisfecho con cumplir con su tarea particular, y no debe renunciar al lugar donde el Señor le ha puesto. Cuando un hombre sabe que Dios es su Guía en todos los planos de su vida, aun en medio de sus trabajos, dificultades y otras cargas siente un consuelo incomparable. El magistrado llevará todas las tareas de su oficina con mayor entusiasmo. El padre de familia cumplirá con sus deberes con más paciencia, y valor y ahínco. Cada persona, en su respectiva esfera de vida, manifestará más paciencia, y se sobrepondrá mejor a las dificultades, cuidados, miserias y ansiedades de su camino, cuando esté convencida de que el Señor ha puesto sobre sus hombros la tarea que le toca. Si seguimos fielmente nuestro llamamiento divino, recibiremos el consuelo de saber que no hay trabajo tan insignificante o sórdido que no sea verdaderamente respetable e importante ante los ojos de Dios. ¡Coram Deo! (Ver Gén. 1:28; Col. 1:1 y ss.)



JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA VERD.")









TRADUCCIÓN