“Nosotros tenemos este mandamiento de él: El que
ama a Dios, ame también a su hermano.” 1ª Juan 4:21
“(Jesús dijo:) En cuanto lo hicisteis a uno de
estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” Mateo 25:40
(Lectura: Génesis 49 - Mateo 28 - Salmo 22:22-24 -
Prov. 9:10-12)
Hoy en la
mañana, maravillado por la lectura de un pasaje de los evangelios, oré al Señor
fervientemente: «Señor, eres tan grande, tan bueno, que deseo servirte con
total abnegación».
Luego me puse a
hacer mis tareas. Hacia las once sonó el teléfono. Era Hervé, un amigo cristiano
minusválido que vive solo y que a menudo me llama. Tan pronto como algo no va
bien, se pone muy nervioso. Hay que ir rápidamente a su casa, y a veces por una
pequeñez...
Hoy su lavadora
no funcionaba. ¡Qué tragedia! Traté de tranquilizarlo, de hacerle comprender
que hay cosas mucho más graves. Pero no sirvió de nada. Hervé solo pensaba en
una cosa: ¡su lavadora no funcionaba! Una vez más, no me quedó otro remedio que
prometerle ir lo antes posible.
Colgué el
teléfono: «¡Qué fastidio, tenía que hacer un recorrido de media hora en
automóvil! ¡Realmente no se daba cuenta! ¡Yo que pensaba tener por fin un
sábado tranquilo, después de una dura semana! ¿Y por qué siempre tengo que ser
yo?».
De repente
recordé la oración que había hecho en la mañana. Entonces descubrí que, por
medio de Hervé, el Señor ponía a prueba la realidad de mi abnegación. Jesús
dijo que lo que hiciésemos a uno de los suyos era como si se lo hiciésemos a
él.
Esta mañana me
había escuchado. Sabía que era sincero, pero ahora me pedía que probase lo que
acababa de declarar. Son los «ejercicios prácticos» de mi vida cristiana.
¡Entonces fui rápidamente a casa de Hervé!
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL "LA BUENA
SEMILLA")


