Hubo un tiempo
en que el rey David le pidió a Dios que lo salvara de morir y Dios contestó su
oración: “Vida te demandó, y se la diste; largura de días” (Salmos 21:4). Pero
Dios fue mucho más allá al responder la oración de David. No solo le dio vida,
también le puso una corona sobre su cabeza y lo hizo rey de Israel.
Después de que
Dios hiciera rey a David, derramó honor y esplendor sobre él. “Corona de oro
fino has puesto sobre su cabeza… Honra y majestad has puesto sobre él” (Salmos 21:3,
5). Y encima de todo, Dios añadió gran gozo: “Lo llenaste de alegría
con tu presencia” (21:6).
“Porque en
Jehová hay… abundante redención” (Salmos 130:7). David estaba diciendo: “Señor,
tú no me extendiste misericordia, sino que derramaste tu redención”.
El hijo de
David, Salomón, también oró una sencilla oración: “Da, pues, a tu siervo
corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo
malo” (1 Reyes 3:9). Salomón estaba diciendo: “Señor, todo lo que quiero es sabiduría para saber cómo conducir a tu
pueblo. Sólo quiero ser un rey justo sobre ellos”.
Dios respondió
la solicitud directa de Salomón de una manera increíble: “Y le dijo Dios:
Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti
riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti
inteligencia para oír juicio, he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he
aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de
ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú” (3:11-12).
¡Dios estaba
absolutamente deleitado en responder en exceso las oraciones desinteresadas de
estos grandes hombres! Y tu Padre celestial quiere hacer lo mismo por ti.
DAVID WILKERSON - (DEVOCIONAL DIARIO “ORACIONES”)


