sábado, 13 de enero de 2018

¿Un Dios enojado? 13 enero





“… ¡Señor! ¡Señor! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad” Éxodo 34:6 (Leer: Salmo 18:30-36)


Cuando estudié mitología griega y romana en la universidad, me llamó la atención qué malhumorados y rápidamente airados se ponían los dioses mitológicos.

Los pobres receptores de esos enojos solían perder la vida; a menudo, por un capricho.

Lo primero que hice fue burlarme, preguntándome cómo podía alguien creer en dioses como esos. Pero, después, me pregunté: ¿Mi visión del Dios que realmente existe es muy diferente? Cuando dudo de Él, ¿no pienso que tiende a enojarse con facilidad?

Lamentablemente, es así. Por eso, me gusta el pedido de Moisés a Dios: «Te ruego que me muestres tu gloria» (Éxodo 33:18). Al haber sido elegido para liderar a una multitud quejosa, quería estar seguro de que el Señor lo ayudaría. Dios lo recompensó mostrándole su gloria y anunciándole su nombre y características: «fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad» (34:6).

Este versículo me recuerda que Dios no es impulsivo, con reacciones de ira repentinas. Y me tranquiliza; en especial, cuando reacciono ante Él con enojo e impaciencia.

Podemos ver a Dios y su gloria en su paciencia hacia nosotros, la palabra de ánimo de un amigo, un hermoso amanecer o, sobre todo, el susurro del Espíritu Santo en nuestro interior.

Señor, gracias por tu misericordia, perdón y fidelidad.

Aunque nosotros cambiamos a menudo, Dios nunca lo hace.


(La Biblia en un año: Génesis 31–32 Mateo 10:1-20)



LINDA WASHINGTON - (DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO")









TRADUCCIÓN