“Respondió entonces Jesús y les dijo: ―De cierto,
de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo.” Juan 5:19ª (Lea: Juan
5:18-30)
Esta es
posiblemente la afirmación más radical en toda la Palabra de Dios, porque
indica que el primer paso requiere ser un canal del poder de Dios, reconociendo
que cualquier esfuerzo realizado por usar el poder de Dios para nuestro propio
beneficio acabará por dejar nada que no sea un sentimiento de vacío, sin que jamás
logre nada. Puede usted subirse encima de cualquier montón al que aspire usted,
ganándose la admiración y la atención de todo el mundo, pero si no ha
descubierto este secreto, su vida le resultará a usted insatisfactoria y no
será de ningún uso para Dios: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo”.
Jesús no quiere
decir que sea imposible para Él hacer algo aparte del Padre, como tampoco es
imposible para nosotros hacer algo sin contar con Dios. Podemos y de hecho lo
hacemos; Jesús también podría haberlo hecho. Es más, en este relato Él dice que
el Padre le ha dado potestad para actuar “por sí mismo”. Jesús pudo haber
creado todo un universo sobre el cual Él sería Dios, puesto que tenía el poder
para hacerlo. Pero la cuestión es la siguiente: Él decidió no ejercitar jamás
este poder para Su propio beneficio. ¡Nunca! Esta es la explicación de Su
comportamiento en el desierto cuando fue tentado por el demonio a cambiar las
piedras por Su propia satisfacción, a saltar desde el templo para conseguir el
aplauso del pueblo o para granjearse el mundo entero para Sí mismo, pero se
negó firmemente a hacerlo. Esa es la clave. Dios concede Su poder a aquellos que no lo van a usar para su propio
beneficio; esto es uno de los más profundos secretos de las Escrituras.
Esta liberación
del poder de Dios en cualquier momento con el fin de suplir nuestra necesidad
humana es una verdad sencilla, pero absolutamente profunda. Nuestro Señor vivió
de esta manera todo el tiempo. No fue sencillamente para poder levantar a los
enfermos de sus camas de enfermedad para lo que usó el poder de Dios. Lo hizo
al hablar con alguna persona solitaria, desconsolada y quebrantada para traer a
esta persona a la vida y a la fe. Era el mismo poder que hizo que Sus palabras
tuviesen un enorme impacto y significado para la mujer junto al pozo que había
tenido cinco maridos pero que aún estaba intentando encontrar satisfacción
viviendo con un hombre sin haberse casado con él. He aquí el secreto del poder:
“No puedo hacer, no tengo nada en mí mismo que me permita hacer esto, pero Dios
puede y quiere que se haga”, y usted obedece esto, lo cual da como resultado
una liberación visible de poder. Jesús pudo decirle al hombre impotente:
“Levántate”, y el hombre se puso inmediatamente en pie.
Debido a que
Jesús no estaba actuando por Su propia voluntad, sino que estaba más bien
dependiendo de Su Padre, Su palabra a este hombre tuvo poder. Las palabras son
como las velas en los barquitos. Si sale usted en un barco de vela en un día
tranquilo y levanta usted la vela, colgará sin que tenga ningún poder. Pero si
eleva usted la vela en un día en que esté soplando el viento con fuerza, se
llenará con el viento y empezará a ponerse tensa y tirar de la barca, que
avanzará rápidamente por encima de las aguas. Así es cómo es una palabra. Las
palabras carecen de significado por sí mismas, pero si concuerdan con la manera
de obrar de Dios, tendrán un impacto y un poder. Este es el ejemplo que nos
está dando a nosotros nuestro Señor.
ORACIÓN. Hay tanto que yo intento hacer por mí
mismo. Señor, enséñame a reconocer lo impotente que soy, a confiar en Ti y ver
en acción Tu poder visible.
APLICACIÓN PARA LA VIDA. La unidad
perfecta de Jesús con el Padre se demuestra en Su obediencia perfecta y Su
sumisión a Su iniciativa. ¿Nos sentimos nosotros animados por Su amor a vivir
en completa dependencia de Su poder en y por medio de nosotros?
RAY STEADMAN - (DEV. "EL PODER DE SU
PRESENCIA")


