martes, 23 de enero de 2018

Tiempo de asentarse 23 enero





“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.” Juan 15:1-4 


¡Otra vez! pensó Jorge con disgusto. Ya se había hecho experto en empaquetar las cosas en su cuarto para mudarse. Por el trabajo de su papá no habían vivido en el mismo lugar más de tres años, pero ahora ni siquiera era tanto. Jorge había tenido la esperanza de que esta vez se asentarían de una vez por todas. Tenía buenos amigos, su familia había encontrado una iglesia fantástica y todo parecía ir sobre ruedas.

Pero después escuchó las palabras que temía: "Me han vuelto a transferir".

   ¡Te encantará Hoguera! — había dicho su mamá.

¡Hoguera! La población en el centro de la zona más calurosa del país no lo entusiasmaba para nada. Jorge había oído decir que en el verano ¡se podía freír un huevo en el pavimento! Pero todo lo que pudo decirle a su mamá fue:

   ¿Qué remedio queda? —

Aunque Jorge sufrió bastante año tras año con cada dolorosa mudanza, aprendió una lección importante. Esto es lo que escribió en su diario al poco tiempo de llegar a Hoguera.

Aquí estoy otra vez, Señor: un lugar nuevo, rodeado de cosas extrañas y personas desconocidas. Extraño a mis amigos y a mi casa de antes. No sé si alguna vez me sentiré en casa en este lugar. No sé si podré acostumbrarme.

Por lo menos te tengo a ti, Señor. Por lo menos sé que vaya donde vaya, ya sea a Hoguera, o a Tierra del Fuego o a las selvas remotas de Madagascar, tú sigues conmigo. Hiciste tu hogar en mí. Te has asentado, y no te van a transferir ni me vas a dejar solo. Y he hecho mi hogar en ti. Dondequiera que vaya, estaremos juntos. Gracias, Jesús, por esa promesa.

Jorge había descubierto una maravillosa verdad que también nosotros tenemos que saber. Jesús hace su hogar en nosotros y quiere que hagamos nuestro hogar en él. En Apocalipsis 3:20, Jesús extendió esta invitación: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo".

Puede ser que te mudes de un lugar otro. Puede ser que tus amistades cambien de un año a otro. Muchos distintos tipos de cambios pueden causar que tu vida mañana sea radicalmente distinta de lo que es hoy. Pero una cosa es segura: Jesús nunca te dejará. Está totalmente asentado en ti y te invita a que te asientes en él.



JOSH MCDOWELL - (DEV. "VIDA NUEVA PARA EL MUNDO")









TRADUCCIÓN