LA PERSECUSIÓN TRAE CONSIGO EL FAVOR DE DIOS
1. El favor del Señor es una fuente de
singular consolación para todo aquel creyente que sufre “persecución por causa
de la justicia”. En tales ocasiones deberíamos darnos cuenta de que Dios nos
honra, haciéndonos objeto de la ministración de su consuelo y misericordia.
Cuando hago mención de la “Persecución por causa de la justicia”, no sólo me
refiero a aquellas ocasiones en que sufrimos por causa del evangelio, sin
también cuando la gente se nos opone ante nuestra defensa por cualquier causa
justa. Al defender la verdad de Dios contra las mentiras de Satanás, o proteger
a la gente buena e inocente contra las injusticias y las injurias, es posible
que seamos presa del aborrecimiento y el odio del mundo, de manera que nuestras
vidas, nuestras posesiones, o aun nuestra reputación, estén en peligro. Sin
embargo, no debiéramos afligirnos ni considerarnos miserables cuando estamos en
el servicio de Dios, pues Él, de su propia boca nos llama bienaventurados. Es
verdad que la pobreza en sí misma es una miseria, e igualmente puede decirse
del exilio, el desprecio, la vergüenza y la cárcel; y de todas las calamidades,
la muerte es la última y la peor. Pero, cuando Dios nos cubre con su favor,
todas estas cosas obran para nuestra felicidad y nuestro bienestar. Estemos,
pues, contentos con la aprobación de Cristo, antes que con al falsa opinión de
nuestra carne. Entonces nos regocijaremos como los apóstoles, que se
consideraban “gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa
del Nombre”.
2. ¿Qué hay de todo ello? Si siendo
inocentes y teniendo una buena conciencia nos vemos despojados de nuestros
bienes terrenales a causa de la maldad del mundo, debemos concentrarnos en los
aumentos de nuestras verdaderas riquezas con Dios en los cielos. Si tenemos que
salir de nuestro país, seremos recibidos en una íntima relación con Dios. Si
somos atormentados y despreciados, seremos más arraigados en Cristo al acudir a
Él. Si somos cubiertos de reproche y de vergüenza, recibiremos una mayor gloria
en el Reino de Dios. Si somos masacrados, seremos recibidos en gloria eterna.
Deberíamos estar avergonzados de considerar los valores eternos de menos valor
que las cosas corruptibles y los placeres pasajeros de la vida presente. (Ver Mat.
2:10; Hech. 5:41)
JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA
VERD.")


